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HARRIS, W. H. (ed.) (2008): The Monetary Systems of the Greeks and Romans. Oxford University Press. ISBN: 978-0-19-923335-9.

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HARRIS, W. H. (ed.) (2008): The Monetary Systems of the Greeks and Romans. Oxford University Press. ISBN: 978-0-19-923335-9.
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  234  Recensiones © Universidad de Salamanca Zephyrus ,LXII, julio-diciembre 2008, 231-241 H ARRIS , W. H. (ed.) (2008): The Monetary Systemsof the Greeks and Romans . Oxford UniversityPress. ISBN: 978-0-19-923335-9.Trabajo que recopila más de una docena deaportaciones relativas a la amonedación griega yromana centrando el interés en el proceso de con-formación de ambos sistemas monetarios. Los con-tribuyentes de este volumen no son sólo numísma-tas sino también economistas e historiadores de laAntigüedad que investigan sobre cuál fue el proce-so mediante el que se establecieron y cómo evolu-cionaron ambos sistemas monetarios. Se ofrecendesde distintas perspectivas respuestas a cuestionescomo cuál es el significado que tiene la moneda enla tragedia griega, cómo realizaban entre griegos yromanos los pagos a pequeña y/o a gran escala, o sillegó a existir en el imperio romano lo que podría-mos definir como “sistema económico integrado”.Este volumen ofrece una introducción a esas cues-tiones pero también presenta el resultado de lasinvestigaciones de distintos especialistas por lo quedocumenta aspectos muy concretos.La primera contribución, de J. H. Kroll (pp.12-37), se centra en la utilización de lingotes deplata y oro como moneda en Grecia y argumentaque los habitantes de ciertas ciudades, tanto en elmundo griego oriental como en el occidental,hicieron uso de la plata al peso tanto antes comodespués de la introducción de la amonedación.Aunque en numerosas ocasiones la existencia deun ajustado sistema monetario determinaba que lamoneda de curso legal fuera exclusivamente la acu-ñación local, en los centros de comercio internacio-nal, en los grandes espacios sin regular entre lasdistintas  poleis y presumiblemente en aquellas queno acuñaron o que no contaron con legislaciónconcreta sobre la moneda de curso legal, cualquiertipo de metal precioso pudo ser negociable conti-nuando con la tradición previa a la propia amone-dación. Ello justifica en cierta medida los rarosocultamientos de moneda griega arcaica y la pre-sencia de depósitos mixtos –lingotes y monedas–de plata en tierra griega. Será esa familiaridad delos griegos con las negociaciones en plata y el abun-dante stock de este metal lo que, sumado a las ven-tajas prácticas que conllevaba la amonedación,explica la rápida aceptación y propagación de lasseries griegas arcaicas que se tradujo en una efica-cia transaccional.En este capítulo D. M. Schaps (pp. 38-48) secentra sobre el significado de la amonedación en laGrecia antigua partiendo del hecho básico de quela economía está inserta y ajustada al sistema social.Por ello las relaciones económicas están manejadaspor la inflación y la deflación, por la redistribuciónde la riqueza fruto de los negocios, por la integra-ción de los mercados y por los créditos. Sin embar-go, todos estos factores nunca fueron dominantesen la organización de la economía griega y por ellosu papel fue secundario y mucho más modesto queel que le atribuimos actualmente. Schaps comienzasubrayando el hecho de que, según la documenta-ción arqueológica, los griegos arcaicos no desarro-llaron, como otras sociedades, útiles simplificadosque fueran fabricados específicamente para usomonetario. Considera que es necesario tener enconsideración la distinción entre lo que denomina“special-purpose money” y “all-purpose money”,es decir, hay que valorar la existencia de dos siste-mas monetarios diferentes según las funciones quela sociedad les atribuya. Desde el momento enque los griegos comienzan a utilizar “special-pur-pose money” la lista de artículos que se usabanpara almacenar riqueza o como valores de referen-cia se restringe notablemente.El panorama de Grecia se completa con laaportación de R. Seaford (pp. 49-65) sobre el rápi-do y generalizado proceso de monetización sufridopor las  poleis griegas durante el s. VI a.C. Se hasugerido que esta monetización constituyó un fac-tor crucial en la génesis y en las inquietudes tantode la filosofía presocrática como de la tragedia grie-ga. En este capítulo se vincula la monetización deAtenas con el desarrollo de las fiestas ciudadanas,bajo el gobierno de los tiranos, y más adelante serelaciona con el contenido de la tragedia que llegaa convertirse en un festival de la polis ateniense.Todas las tragedias existentes derivan de lademocracia, un periodo en que Atenas expresó surechazo a los tiranos en numerosos sentidos. Lastres características de los tiranos que aparecen enlos textos históricos y filosóficos son frecuentesen la tragedia griega: la preocupación por el dine-ro, el asesinato de los parientes y el abuso delritual… La génesis de la tragedia y de las represen-taciones trágicas de la tiranía está influenciada porlas condiciones de la representación (actuación)coral inherente el s. VI a.C. a la monetización delculto. Lo más importante es lo que distingue la tra-gedia de todos los géneros previos y es que imitauna secuencia de distintos rituales –himno, ofren-da, súplica, casamiento, lamentación y  propempti-kon– . Esa secuenciación es mucho más distintivade lo que nos parece ya que todo conspira paraevocar en la memoria de la audiencia los mismos   Recensiones 235 © Universidad de Salamanca Zephyrus ,LXII, julio-diciembre 2008, 231-241 rituales representados en la vida real… El abusodel ritual en la tragedia griega deriva del horrorcomunal hacia el control abusivo de los rituales porlos tiranos. Pero es que ese mismo control de lostiranos se paraleliza con la imitación secuencial queemerge de la representación del propio ritual Así,forma y contenido coinciden.E. E. Cohen (pp. 66-83) analiza el sistema deabastecimiento monetario en Atenas durante el s. IV a.C. y defiende que fue un hecho sorprendente-mente elástico, frente a la interpretación tradicio-nal de M. I. Finley, aceptada de forma dogmáticahasta fechas recientes, que propugnaba su rigidez acausa de la ausencia de un sistema monetario fidu-ciario y de instituciones de crédito. En esta contri-bución el autor demuestra que en la Atenas clásicael aprovisionamiento de moneda pudo ser y fuesustancialmente incrementado a través de dos vías:la provisión de crédito por los comerciantes y lacreación de bancos, con cuentas y depósitos nomonetarios entre otros mecanismos. En un primerapartado se discuten tópicos como la conceptuali-zación de “dinero” y de “abastecimiento moneta-rio”, para luego pasar a examinar la generación dedeudas relacionadas con los créditos a partir de lastransacciones y la generación de bancos relaciona-dos con el crédito monetario. Las evidencias dispo-nibles dejan claro que los banqueros atenienses, através de las trapezai  , garantizaron los pagos defondos en lugares remotos mediante distintos siste-mas para impedir la pérdida de efectivo así comopara permitir a sus clientes sortear los peligros einconvenientes inherentes al transporte de grandescantidades de moneda de plata y oro.A continuación J. G. Manning centra su interésen la evolución económica y legal del uso de mone-da en el Egipto ptolemaico en relación con el desa-rrollo de las estructuras gubernamentales (pp. 84-111). Parte de la base de que en todo proceso demonetización el poder económico del Estado–demanda de impuestos en moneda y pagos a losbancos estatales– es un elemento crucial y analizala documentación escrita y arqueológica de esteperiodo. El sector agrícola, que entonces era arro-lladoramente más amplio, se mantuvo dentro delsistema tradicional de economía no monetizada.Pero en los sectores urbanos el proceso de moneti-zación bajo los Ptolomeos sigue de cerca la evolu-ción de las instituciones estatales. Sin embargo,esta dicotomía entre las actividades económicasde las élites –burócratas, militares y sacerdotes–y el mundo rural no llega a diferenciar el patrónde actuación entre griegos y no griegos sino queexisten diferencias regionales. Sin olvidar que laausencia de plata en el territorio egipcio fue unserio inconveniente que retrasó el uso de la monedacomo unidad de cuenta, resulta obligado reconocerque el caso ptolemaico constituye un ejemplo másde la acuñación como símbolo público de soberaníapolítica pero además supuso un notable cambio ins-titucional en la historia económica de Egipto.D. B. Hollander analiza la demanda de mone-da a finales de la etapa romanorrepublicana (pp.112-136) y comienza con una revisión del debatesobre las dimensiones del abastecimiento moneta-rio para pasar después a debatir sobre la teoría dela demanda de moneda y el papel que la teoríacuantitativa ha jugado en la interpretación de esasestimaciones. Finalmente concluye aplicando la teo-ría de la demanda de numerario a las evidenciastardorrepublicanas. Generalmente asumimos quela demanda de moneda es equiparable al suminis-tro pero tendemos a olvidar que las distintas profe-siones o actividades conllevan diferentes necesida-des económicas, por ello resulta necesario matizarlos factores en las fórmulas de cálculo y compararcautelosamente sus resultados con la evolución delos precios. Sólo así será posible evaluar correcta-mente las consecuencias derivadas de los cambiosen los volúmenes de acuñación.En el siguiente capítulo D. Kessler y P. Teminexaminan el papel de la moneda como un estándarde valor en los comienzos del periodo imperial (pp.137-159). Se argumenta, a partir de un examen delos precios del trigo, que existió una integraciónmonetaria unificada a través de todo el Mediterrá-neo. Esto no significa que todo el Imperio contócon el abastecimiento adecuado de moneda roma-na sino que se usó en todo el territorio imperial unúnico patrón monetario para valorar las activida-des económicas. El resultado fue la creación de unaúnica área de circulación similar a la actual zonaeuro. Ello supuso la reducción de costes en elcomercio a larga distancia y permitió la emergenciade un mercado único para el trigo que podemosverificar a través de los precios supervivientes. Lanovedad de este trabajo está en la utilización delnumerario como un patrón de valor y en el enfo-que desde este ángulo del proceso de monetizaciónde los inicios del imperio. Parece que para estaetapa se puede defender que la monetización supu-so el uso de medidas virtualmente universales.E. Lo Cascio analiza la función de la amoneda-ción de oro en el imperio romano (pp. 160-173)partiendo de la constatación de Duncan-Jones deque su pérdida de peso es sensiblemente menor  236  Recensiones © Universidad de Salamanca Zephyrus ,LXII, julio-diciembre 2008, 231-241 que la de la moneda de plata. En este capítulo elautor trata de examinar las consecuencias de lacreación de emisiones regulares de oro, vinculadasa los otros componentes del sistema monetarioromano mediante una ratio fijada, y de reconstruirel proceso de creación que desembocó en el colap-so del sistema monetario en el s. III dando paso aun nuevo esquema basado en la utilización regulardel sólido y su fracciones. Al valorar la propor-ción de áureos recuperados se observa que su stockfue sumamente importante en la etapa altoimperialy ello obliga a plantear cuestiones como cuálespudieron ser las razones que motivaron una eleva-da monetización y especialmente una elevada pro-ducción de moneda de oro. Lo Cascio desarrollatres posibilidades para justificar ese crecientepapel: la alta proporción de monetización, una muybaja velocidad de circulación de los áureos ya quedebieron actuar como reserva de valor y una pro-ducción superior a la estimada tradicionalmente.Tras buscar argumentos a favor y en contra de estosfactores propone como justificación una combina-ción de los tres ya que, aisladamente, ningunoparece realmente convincente.La aportación de W. V. Harris sobre la natura-leza del dinero en el mundo romano (pp. 174-207)completa en gran medida el séptimo capítulo deeste libro en el que D. Kessler y P. Temin ( cf  . supra ) tratan sobre la función de la moneda comounidad de cuenta. Comienza revisando algunascuestiones que precisan explicación como, porejemplo, las diversas posibilidades en estas fechasde formalizar pagos de emergencia o de grandessumas en zonas fronterizas o simplemente alejadasque pasan por el uso de lingotes de metales precio-sos o de la concesión de créditos. Continúa conunas breves consideraciones sobre la naturalezadel dinero que no podemos limitar a un simplemedio de intercambio. Tras analizar los diferen-tes medios sociales en los que el recurso a los cré-ditos es algo habitual nos conduce a valorar la uti-lización de otros tipos de dinero y quasi  dinero.Después de reconocer toda una serie de posiblesobjeciones a sus propuestas Harris finaliza conuna visión global de los avances logrados duranteel s. III d.C. En resumen, no resulta posible definirla evolución económica de las distintas etapas delperiodo imperial basándonos exclusivamente enlas fluctuaciones sufridas por los niveles de abaste-cimiento monetario, ya que las transacciones eco-nómicas se ven complementadas desde antiguopor otras formas que aportaron notables cantida-des de dinero.En el siguiente capítulo (pp. 208-225) J. Andreauexamina la monetización de las ciudades del áreavesubiana durante la fase altoimperial. Concreta-mente los hallazgos numismáticos en Pompeyahan sido objeto de varias publicaciones, de cortemuy variado, pero aquí se parte de un recienteartículo de Duncan-Jones donde la cifra de mate-rial estudiado se acrece notablemente respecto alos trabajos anteriores; además se incluyen loshallazgos de Herculano y Stabia y todo ese bloquese compara con otros yacimientos romanos tantode dentro como de fuera de la península itálica. Laevidencia de las ciudades vesubianas muestra que,ya en esas fechas ante 79, el numerario circulanteconstituyó un importante medio para formalizarlos pagos pero es obligado reconocer la importan-cia que aún tienen los metales preciosos, así comola joyería y vajillas de plata; esto queda claramentedocumentado por la presencia de epígrafes en talesobjetos mencionando su peso y que vienen a con-firmar el testimonio de algunos textos en los que semenciona el uso de aurum/argentum infectum (lin-gotes),  factum (joyas, vajillas, etc.) y signatum (monedas). A ello hay que añadir el papel desem-peñado en las ciudades por los bancos, banquerosy cuentas.De gran interés es el capítulo de P. van Min-nen (pp. 226-241) que, partiendo de la documen-tación de los papiros, intenta trazar el desarrollode la economía egipcia en fechas romanas. Reco-noce que un problema fundamental es que lospapirólogos no hayan digerido la información queen este sentido podrían extraer los historiadoreseconómicos. Es cierto que existen grandes vacíos eincluso disparidades en estos documentos pero suinterpretación permite hacer suposiciones sobre laevolución de la economía egipcia durante el perio-do romano. En un primer apartado analiza cues-tiones generales relativas a la moneda, los preciosy la inflación, para luego centrarse en aspectosconcretos de la agricultura y las tasas y finalmenteabordar el tema de las inversiones. Se argumentaque la economía agraria se fue monetizando deforma paulatina pero constante desde el s. I hastafines del s. III ; es tras la fuerte inflación del 275cuando se observa una significativa reducción delnumerario en circulación que será seguida por unagradual re-monetización tras la introducción delsólido en el s. IV .En este capítulo C. Katsari (pp. 242-266) exa-mina la monetización de la economía en las provin-cias fronterizas romanas de los Balcanes, AsiaMenor y Siria. Uno de los debates más intensos se   Recensiones 237 © Universidad de Salamanca Zephyrus ,LXII, julio-diciembre 2008, 231-241 ha venido centrando en el diferente proceso demonetización que parecen mostrar los yacimientosurbanos y los rurales. Sin embargo hoy hemospodido constatar que los patrones se dibujan enfunción del carácter del yacimiento y del poder delas diversas fuerzas económicas, ya que en muchasáreas rurales, donde las transacciones continúanrealizándose mediante el trueque, una parte signifi-cativa de las actividades económicas se comple-mentaba mediante los pagos en metálico. Tras unaprimera revisión del material numismático la auto-ra valora el impacto significativo del ejército en elproceso de urbanización y en el de monetización.Una valoración de los hallazgos le permite observarque éstos son más abundantes en los yacimientosurbanos que en los establecimientos propiamentemilitares. No sé hasta qué punto es posible asimilarla circulación de las ciudades-fortaleza al resto delos asentamientos urbanos y diferenciarla de losmilitares; sería necesario quizás proponer respues-tas a cuestiones concretas antes de defender estahipótesis. No obstante, creo que ésta es una prime-ra e interesante aproximación a un tema sumamen-te complejo donde intervienen factores abundantesy difíciles de valorar.A continuación W. Scheidel (pp. 267-286)presenta la divergente evolución de la amoneda-ción en dos puntos opuestos del continente euro-asiático: en el Egeo greco-lidio, a fines del s. VII a.C. y en la Gran Llanura de China dos centuriasdespués. El numerario de tipo egeo presenta unascaracterísticas formales y técnicas –forma redon-deada, iconografía variada, uso de diferentesmetales y normalmente acuñadas– que paulatina-mente se irán expandiendo hasta lograr la unifica-ción monetaria en época romana. La amonedaciónchina constituye un excepción, suelen ser fundidasy presentan un orificio central cuadrado, suelenser de bronce o de hierro mientras que los valoresde oro y plata circularon en forma de lingotes ygeneralmente carecen de tipos salvo unas pocasletras. El autor presenta algunas observacionespreliminares sobre las probables causas de esteproceso que se concentran en circunstancias espe-cíficas históricamente y que condicionaron eldesarrollo de ambos tipos de numerario.La obra se cierra con una espléndida recopila-ción bibliográfica, de gran utilidad, debido a sucarácter conjunto. En pocas palabras, estamos anteun nuevo volumen de Oxford University Press en elque se recogen interesantes aportaciones, tanto atítulo individual como global, con atractivas pro-puestas sobre la evolución de los sistemas moneta-rios antiguos de Grecia y Roma, contempladosdesde perspectivas diversas, que sin duda constitui-rán el punto de partida de futuras investigaciones. Cruces Blázquez Cerrato
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