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La Historia Navarra bajo el suelo VI. La villa romana de Arellano. Un lugar de culto, Diario de Navarra, 26 de agosto de 2017.

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La Historia Navarra bajo el suelo VI. La villa romana de Arellano. Un lugar de culto, Diario de Navarra, 26 de agosto de 2017.
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  50 DIARIO 2 Diario de Navarra   Sábado, 26 de agosto de 2017 Recreación del mosaico de Las Musas emplazado en la habitación octogonal o Musaeum , descubierto a finales del siglo XIX y actualmente en el Museo Arqueológico Nacional. G.N. I   NMUNE a las urgencias del tiempo, esta apacible explotación agrícola de época romana fue acumulando si-glos de historia con la serenidad in-nata de los lugares donde el reloj parece haberse detenido. En sus muros hallaron cobijo lo cotidiano y rutinario, lo excepcio-nal y trascendente y lo secreto y clandesti-no. Emplazada en el término de Arellano, las primeras noticias sobre el lugar se re-montan a finales del siglo XIX, cuando de manera fortuita se localizó un mosaico oc-togonal dedicado a las Musas que fue tras-ladado al Museo Arqueológico Nacional. Excavada en distintos puntos por Blas Ta-racena a mediados del siglo XX, los traba- jos sistemáticos, bajo la dirección de Mª  Ángeles Mezquíriz, llegaron a partir de 1985 prolongándose ininterrumpidamen-te hasta el año 2000, siendo el año 2003 cuando la directora de las excavaciones publicó una extensa monografía, La villa romana de Arellano, fundamental para el conocimiento del lugar. Concluidos estos trabajos, el Gobierno de Navarra comenzó el proceso de musealización del yacimien-to con la construcción de un edificio que protege el conjunto y la restauración de mosaicos, elementos constructivos e ins-talación de paneles explicativos. Actual-mente el conjunto abre sus puertas al pú- Un lugar de culto La historia navarra bajo el suelo y VI La de Arellano constituye un magnífico ejemplo del sistema romano de explotación agrícola conocido como villa, aunque a partir del siglo VI de nuestra era su carácter agrícola fue cediendo paso a su condición de espacio para el culto de Cibeles y Attis blico mostrando la belleza del emplaza-miento a través de un interesante y didácti-co recorrido. La villa de Arellano domina un pequeño  valle, limitado al Sur y al Oeste por la sierra de Cortabaco y al Norte por las estribacio-nes de Montejurra. El paisaje, pese a las ló-gicas transformaciones, conserva la esen-cia y el aspecto que debieron tener estos te-rrenos en época romana. Un colorista mosaico donde los pequeños cerros pobla-dos de encinas, robles y pinos se entrela-zan con campos de labor entregados a los ancestrales cultivos de la tríada medite-rránea: el cereal, la vid y el olivo. El establecimiento en Hispania, a partir del s. II a.C., de grupos de población itálica fue el punto de partida de una profunda re- volución rural. Llegaron, en su mayoría,  veteranos de guerra a los que habían con-cedido tierras como pago a sus servicios que trajeron consigo nuevas técnicas de construcción, nuevos modelos arquitectó-nicos y un nuevo sistema de aprovecha-miento del suelo. Un modelo de explota-ción conocido en el mundo romano con el nombre de villa, del que Arellano constitu- ye un magnífico ejemplo. Su srcen se re-monta a mediados del s. I d. C, coincidien-do con el final de las guerras de conquista y con la llegada de la Pax Romana. La prime-nes. La explotación disponía de graneros para el cereal, de estancias donde almace-nar las cosechas y de los medios indispen-sables para la elaboración del vino. Las dependencias principales se articu-laban alrededor de un patio central porti-cado o peristilo. Tenía planta cuadrada y un jardín en el centro que proporcionaba luz, aire y agua a los habitantes de la casa. Pese a contar con ésta y con otras comodi-dades, es muy probable que el dueño de la  villa, siguiendo costumbres generalizadas a comienzos de nuestra era, no viviera en ella de forma continua y que su residencia la tuviera fijada en alguna de las ciudades cercanas. A finales del s. III d. C., coinci-diendo con un período de inestabilidad po-lítica, económica y social causado por las invasiones bárbaras, un gran incendio arrasó la villa. El siniestro dejó fuera de uso las dependencias dedicadas a la pro-ducción del vino. La segunda fase constructiva se inició a comienzos del s. IV d. C., los campos volvie-ron a cultivarse y, sobre las ruinas de los antiguos edificios destruidos por el fuego, se levantó una nueva mansión, de mayores dimensiones y más lujosa. En época tar-doimperial las villae experimentaron un notable desarrollo, consecuencia de una migración progresiva de los propietarios, que abandonaron sus viviendas en la ciu-dad y se trasladaron a sus posesiones rura-les, convirtiéndolas en residencias perma-nentes. En este período se sucedieron las ampliaciones y reformas ostentosas, recu-briendo las estancias con elegantes estu-cos pintados en las paredes y, sobre todo, pavimentando los suelos con magníficos mosaicos. Este fue el caso de Arellano, con la singularidad de que su carácter de ex-plotación agrícola pasó a un segundo pla-no, adquiriendo mayor importancia como centro religioso, dedicado al culto de Cibe-les-Attis. LA VILLA ROMANA DE ARELLANO Por Carmen Jusué Simonena y José Antonio Faro Carballa   N Villa romana de Arellano Estella A-12 Allo Barbarin Villamayor deMonjardín ArellanoDicastilloArróniz A LerínA Sesma1 km          N        A    -        1         2         2 ra edificación ya disponía de todas las ins-talaciones necesarias. El abastecimiento de agua quedaba garantizado por la exis-tencia de un aljibe de grandes dimensio-  DIARIO 2 51 Diario de Navarra   Sábado, 26 de agosto de 2017 Una serie recorrerá los sábados de verano los principales emplazamientos donde se han descubierto los rastros de la historia de Navarra. Van desde las Eretas de Berbinzana, la fortificación más antigua de la Comunidad, hasta la villa romana de Arellano Guía práctica Cómo llegar: El acceso más cómodo es desde la Autovía Pamplona - Logroño, pa-sados unos kilómetros de Estella en direc-ción a Logroño, tomar la salida 51 a Arró-niz, por la NA-6340. Después de unos po-cos kilómetros, el conjunto musealizado aparece a la derecha. Importante: Toda la información en www.guiartenavarra.com. Teléfono 948741273. Email info@guiartenava-rra.com Horario: Consultar página web www.guiar-tenavarra.com. Para saber más: María Ángeles Mezquíriz Irujo, La villa romana de Arellano , Gobier-no de Navarra, Pamplona, 2003. En el ya-cimiento entregan un folleto explicativo. La crisis final del imperio debió marcar el declive de la villa. No obstante, antes de su abandono definitivo, el lugar fue ocupa-do por última vez durante el s. VI d. C. Reu-tilizando algunas de las estancias que to-davía permanecían en pie, se instaló una pequeña comunidad dedicada a una activi-dad de tipo industrial, relacionada con la metalurgia del hierro. La elaboración del vino Los libros de historia suelen centrar su atención en grandes acontecimientos en los que apenas queda espacio para las acti- vidades cotidianas, sin embargo, bajo la aparente intrascendencia de las cosas sen-cillas se oculta el protagonismo que en rea-lidad atesoran. El vino es un buen ejemplo de esta realidad, la generalización de su consumo en la antigüedad clásica convir-tió a una simple bebida en un vínculo de unión entre pueblos diferentes y en un producto de notable repercusión social y económica. En el universo de las teorías, existen argumentos sólidos que justifican esta extraordinaria difusión, aunque, tra-tándose de alcohol, es preferible huir de las grandes razones y considerar que su popularidad se debe a que, como sentenció el poeta Ovidio, “las preocupaciones hu- yen y se borran con abundante vino”. El clima y la situación geográfica de Are-llano favoreció la diversidad de recursos agrícolas en época romana, además de le-guminosas, hortalizas y frutales, el cereal  y el olivo ocuparon un lugar destacado. No obstante, el cultivo más extendido fue el de la vid y la elaboración del vino una de las principales actividades desarrolladas en la villa. El proceso comenzaba con la ven-dimia y el posterior traslado de la uva, que era cargada en cestos y transportada en carros. Los racimos se depositaban en el torcularium, el lugar destinado al pisado y al prensado. Las uvas eran exprimidas en dos momentos, manteniendo por separa-do el líquido obtenido en la primera, del obtenido en la segunda, de calidad inferior. El mosto se dejaba reposar en los lagares ( lacus vinarius ), en los que se realizaba la fermentación, que duraba siete u ocho dí-as, después se trasladaba a grandes vasijas de cerámica ( dolia ), donde se completaba la fermentación lenta, transformándose fi-nalmente en vino. Parte del mosto se cocía, salaba y perfumaba en el cortinale , una sa-la que disponía de un gran hogar en el cen-tro, y al concluir el proceso se mezclaba con vino crudo para mejorarlo. Uno de los principales problemas que planteaba el vino en época romana era el de su conservación. Para poner remedio a este inconveniente se solía aplicar un sis-tema de envejecimiento artificial y acele-rado, que consistía en someterlo al humo y al calor durante cuarenta días en el inte-rior de una estancia llamada  fumarium . Finalmente, el vino era almacenado en la bodega o cella vinaria . Siguiendo las ins-trucciones precisas que describen los tra-tadistas latinos, debía estar situada por de-bajo del nivel de las prensas y de la cocina,  y orientada al norte y al oeste, condiciones que se cumplen a la perfección en la bode-ga de Arellano. Fue ubicada en el nivel infe-rior de un edificio de planta rectangular de dos alturas. El forjado del piso superior descansaba sobre once pilares, siendo los cinco centrales de piedra y el resto de ma-dera. En este gran espacio quedaban alma-cenados los dolia , cuyo número era pro-porcionado a las dimensiones del viñedo. Los mosaicos La belleza y la perfección técnica que al-canzaron algunas composiciones en épo-ca romana las hizo merecedoras del nom-bre de mosaicos. Una denominación que Recreación del salón principal, oecus , o gran salón de banquetes.  I. DIÉGUEZ/PRÍNCIPE DE VIANA El mito de Cibeles y Attis Entre los autores clásicos, exis-ten distintas versiones de esta leyenda, la más difundida es la que relata cómo Cibeles había quedado prendada de Attis, un adolescente de gran belleza. La diosa le llenó de regalos y le hizo prometer que permanecería siempre a su servicio y que ja-más amaría a otra mujer. Pero un día Attis se encontró con la ninfa Sangaritis y traicionó a Ci-beles. La diosa al enterarse de lo ocurrido mató a la ninfa y extra- vió el espíritu de Attis el cual, en un acceso, de locura se suicidó cortándose los genitales. proviene del término opus musivum , obra inspirada por las Musas. Los mosaicos de  Arellano adornaban algunas de las estan-cias construidas tras la reforma de la villa, a comienzos del s. IV d.C. y, en ellos, se ve reflejada la influencia de la estética orien-tal, tanto en el diseño y tratamiento de las figuras, como en la elección de los temas  vegetales y geométricos. Siguen un pro-grama iconográfico determinado: el mito Ara con representación de un toro procedente del taurobolio. Representa la escena de la despedida de Attis y Cibeles. G.N. Reproducción de un catavinos encontrado en la bodega de la villa de Arellano. PRÍNCIPE DE VIANA El rito del taurobolio Dentro del amplio conjunto de edificacio-nes de la villa romana de Arellano, se des-cubrió un taurobolio, término que designa el sacrificio ritual de un toro para conse-guir un bautismo de sangre. Se trata de una práctica oriental, importada a Roma por los adoradores de la diosa Cibeles a la que se dedicaba el sacrificio del toro. La cere-monia tenía establecido un rito en el que la persona que debía recibir el bautismo de sangre entraba en una fosa cubierta con un suelo agujereado, después se conducía al toro sobre dicho suelo y se le sacrificaba hundiendo en su pecho un largo cuchillo. La sangre que derramaba se colaba en la fosa cubriendo al devoto que se encontra-ba debajo y, a continuación, el personaje salía de la fosa y se presentaba como un ser nuevo.  A este sacrificio le precedía una procesión con música, seguida de los adoradores de la diosa Cibeles, figurando en primer lugar los destinados a participar en el taurobo-lio. Estas curiosas prácticas debieron de pervivir en la villa de Arellano hasta el siglo  V, pues la aristocracia que moraba en ella fue la conservadora de los valores religio-sos tradicionales quizá como reacción a la política de los emperadores cristianos. de Cibeles y Attis. El dormitorio principal ( cubiculum ) se decoró con un precioso pavimento de mo-saico que ha llegado hasta nosotros muy deteriorado, debido a los trabajos agríco-las y a la erosión. El lecho ocupaba el espa-cio con decoración geométrica, dejando a la vista un emblema con decoración figu-rada en el que se representa el nacimiento de Attis, mostrando en primer término un niño desnudo cobijado en una cueva y, en un segundo término, aparece una figura femenina con gesto protector que con su mano izquierda caza un cisne. La escena se desarrolla en un entorno acuático, en alusión al río Sangario, donde según algu-nas versiones de la leyenda, Cibeles reco-gió a Attis cuando era niño. La ampliación de la villa en el s. IV d. C. incluyó la construcción de un gran salón de recepciones y banquetes ( oecus ) de 90 m2, con un primer tramo rectangular y una cabecera semicircular. Los dos espa-cios están pavimentados con mosaicos y presididos por sendas escenas relativas al mito de Cibeles y Attis. El emblema del es-pacio rectangular se encuentra enmarca-do por un laberinto y alberga una escena que se ha interpretado como la despedida de Attis que, tras romper su promesa de mantenerse casto, abandona a Cibeles pa-ra contraer matrimonio con la hija del rey de Pesinonte. La cabecera o exedra  de esta gran sala era el lugar en el que se colocaba un lecho continuo semicircular y asientos separados, triclinium , donde los propieta-rios e invitados participaban de los ban-quetes. El centro permanecía libre para uso de los sirvientes, quedando a la vista la parte central del mosaico con la represen-tación de los esponsales de Attis, que re-presenta la unión de Attis con la hija del rey de Pesinonte, en el momento en que  juntan sus manos. El último de los pavimentos con decora-ción figurada es el emblemático mosaico de las Musas, actualmente en el Museo Ar-queológico Nacional, que decora una es-tancia de planta octogonal identificada co-mo el musaeum , lugar destinado al estudio  y actividades intelectuales. Presenta un emblema central circular rodeado de nue- ve compartimentos radiales en los que fi-guran cada una de las nueve Musas acom-pañadas por un sabio. El ocaso de los dioses Los emperadores romanos desde Nerón, en el s. I d. C. hasta Diocleciano, en el s. IV d. C., impulsaron sucesivas campañas de re-presión contra los cristianos, obligándoles a ocultar su fe durante más de 300 años. Ninguno de estos ilustres césares podría haber imaginado que la diosa fortuna les terminaría jugando una mala pasada y que sus propias creencias acabarían padecien-do la situación inversa, como así ocurrió a partir de finales del s. IV d. C. Los persegui-dos se convirtieron en perseguidores im-placables. Los cristianos, apoyados por las nuevas clases dirigentes, destruyeron edi-ficios, estatuas y altares consagrados en honor de los dioses romanos, purificaron los viejos lugares sagrados y, en muchas ocasiones, los reconvirtieron en iglesias. Los cultos paganos, y en especial los ri-tos orientales, se vieron empujados a so-brevivir en la clandestinidad, buscando el amparo de las villas, donde encontraron su último refugio. Únicamente en estos rincones apartados, bajo la protección del sector de la aristocracia más reacio a la adopción del cristianismo, pudieron se-guir celebrando sus rituales sin temor a las represalias. La presencia en Arellano, al margen de los mosaicos, de un edificio de carácter religioso, con dos aras con gra-bados de cabezas de toros, refuerza la teo-ría de que nos encontramos ante un lugar de culto a Cibeles. La ceremonia sagrada del taurobolio, sacrificio ritual de un toro, está íntimamente asociada a esa diosa.
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