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Pymes, anticapitalismo, izquierda y esperanzas cifradas en sitio equivocado

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Crítica marxista a la desenfatización de la clase obrera como agente central del cambio anticapitalista
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  Pymes:   anticapitalismo, izquierda y esperanzas cifradas en sitio equivocado  A raíz de uno de los puntos del programa presidencial elaborado por el proyecto político que apoya a la candidatura electoral de Marcel Claude en el Chile actual de 2013, reemerge la pregunta acerca de la realidad PYME 1 . En lo que sigue se presentarán de manera muy sucinta algunos elementos de análisis necesarios a la hora evaluar el “problema PYME”. Se procederá de manera sistemática ; proporcionando en primer lugar elementos teóricos, para sólo después pasar a cuestiones más concretas y actuales  propias de nuestra formación social. I.   Aportaciones teóricas 1)    Del lado de “los chicos”   Aún teniendo en cuenta que existen serios problemas definicionales a la hora de tratar el  problema pyme 2 , pareciera evidente que la utilización “política” del término PYME  pretende instalar la siguiente sencilla idea: existirían contradicciones políticas fundamentales entre “los chicos y sus aliados” (léase PYMEs) y “los grandes” (monopolios, grandes capitales, 1%, etc, etc). Esta idea no es nueva, sino que sólo una reformulación de una vieja creencia instalada en la izquierda (y no sólo en este lado del espectro político). Esta creencia supone cifrar las “esperanzas políticas” en el pequeño  pro ductor, en tanto en él se encuentran tanto “la virtud” como la posibilidad real de “emancipación”. En términos teóricos, esta es una esperanza espuria en tres sentidos (imbricados entre sí): Primero, porque una de las formulaciones más paradigmáticas al respecto, la de Proudhon, demostró no ser capaz de fundar su propuesta de manera rigurosa (en términos teóricos y prácticos). No es sólo que Proudhon reprodujera en sus formulaciones el individualismo burgués, ni tampoco que meramente repitiera ciertas ideas básicas de la economía política burguesa. Es que, junto a ésta, él mismo es incapaz de comprender una cuestión básica. En efecto, como establece Marx: “En economía política existe una confusión creciente entre dos formas de propiedad  privada, una que se encuentra basada en el trabajo del propio productor, mientras otra que está basada en la explotación del trabajo de otros. No sólo los economistas olvidan que el último tipo de propiedad es la directa antítesis de la primera; ellos olvidan asimismo, que la última sólo puede crecer bajo la tumba de la primera”  (Marx, El capital) En segundo lugar, la idea de la “virtud de los chicos”, ha sido fundamentada teóricamente en la existencia autónoma previa al capitalismo, de un modo de  producción pequeño mercantil simple. Esta tesis, soportada entre otros por Ernest 1     Dice Claude: “recuperar nuestra Soberanía monetaria y crediticia, junto a una eficaz y estricta regulación del sistema financiero (…) Un polo financiero público debe facilitar el financiamiento de los sectores productivos medianos y pequeños, en la industria, la agricultura, la minería, la pesca y otras ramas de la producción local”   “...para reconstruir nuestra Soberanía económica es preciso ponerle fin a esos privilegios, garantías excesivas y exenciones injustas que dañan y desincentivan la inversión y el desarrollo de nuestras  pequeñas y medianas empresas nacionales" “...los esfuerzos de exención o de moderación tributaria deben estar concentrados en la pequeña y la mediana empresa...”   2  Cuestión que revisaremos con algún detalle más adelante en este escrito  Mandel 3 , supone actualizar una lectura “histórica” del primer tomo de El Capital, en el cual Marx desarrolla la idea de una reproducción mercantil simple, fundada en los valores-trabajo directos. El problema con esta interpretación es importante y posee distintas aristas. Primero, está el hecho de que, en realidad, Marx, en este punto del  primer tomo de El Capital, estaba actualizando un desarrollo “lógico - deductivo”, necesario para comprender el funcionamiento del modo de producción capitalista. Esto es, Marx no habría estado suponiendo la existencia histórica efectiva del “modo de  producción pequeño mercantil simple” (MPPMS), sino que sólo entendería su “necesidad lógica” a la hora de presentar   el funcionamiento del capitalismo 4 . En segundo lugar, en términos históricos, nunca existió este modo, al menos no de manera autónoma y predominante. Esto porque, la misma idea de la vigencia de una mercantilización generalizada de los productos supone la “autocancelación” de este modo como modo transicional dominante. No es sólo el hecho de que, en general, la  pequeña producción mercantil se haya encontrado vinculada históricamente a los  procesos de “acumulación primitiva” e “intercambio desigual”, sino que se olv ida la cuestión de que la vigencia de la mercantilización a un nivel mayor que el local, requiere (o al menos así lo ha demostrado la historia hasta hoy) la existencia de los comerciantes como estrato social diferenciado. El mismo hecho de que Marx no conceptualice la existencia de éstos dentro de la reproducción pequeño mercantil simple, debiera ya alertarnos acerca de la posibilidad de realizar lecturas  predominantemente “históricas” del El Capital 5 . Una cuestión distinta es afirmar que la vigencia de la “pequeña producción” en vastos territorios es un hecho histórico. El  punto es que esta vigencia (e.g. los Estados Unidos noroccidentales desde 1700 hasta quizás mediados del siglo XIX), no descansa en la mercantilización efectiva de lo  producido, sino en una imbricación entre “  producción para el uso ”  e intercambio monetario local determinado por necesidades sociales 6 . Esto es, la vigencia histórica de la pequeña producción 7 , suponía la no vigencia de la ley del valor. Por el contrario, la 3  Mandel se ve obligado a conceptualizar la existencia histórica previa de un modo de producción  pequeño mercantil simple, en tanto que modo transicional, por la necesidad de fundamentar con mayor fuerza su tesis (debatible) de que la urss fue un Estado obrero deformado. 4  Esta tesis es defendida por muchos marxistas. Entre ellos, Ronald Meek y Tony Smith 5   La siguiente cita tomada de Robert E. Much es clarificadora: “  Pero el argumento acerca de los efectos del mercado en la PPMS define como una consecuencia de la operación normal del mercado la destrucción de ese mismo modo y su reemplazo por otro. Esto es, no existe reorganización de las relaciones de producción dentro de la PPMS, solo su transformación en el  MPC. Una cosa es reconocer contradicciones, pero otra bastante distinta es construir dentro del concepto de un modo de producción el concepto de su designado sucesor en una jerarquía  predeterminada de fases de desarrollo. Estamos de vuelta en el mismo problema  –  la incompatibilidad de relaciones de producción familiares no antagónicas con un mercado comodificado-. La gente que es primariamente productora mercantil debe ser primariamente consumidora de mercancías; sin embargo “es sólo sobre la base de la producción capitalista y  por tanto la división del trabajo capitalista dentro del taller, que todo lo producido necesariamente asume la forma mercancía y por tanto los productores son necesariamente  productores de mercancías”. El mercado postulado por la PPMS aparece como un anacronismo, importado del MPC  ” Robert E. Much, The cutting Edge, 1991Fernand Braudel Center-traducción  propia- 6  Ver  , por ejemplo, Leo A. Johnson (“ Producción mercantil independiente: ¿modo de producción o formación de clase capitalista? ”  (Leo. A Johnson, Studies in political economy nº6, 1981-traducción propia-) y   Robert E. Much, The cutting Edge, 1991Fernand Braudel Center-traducción  propia- 7  Que, por lo demás, suponía la posibilidad de dominación e incluso explotación interna (de las mujeres y los hijos por los hombres; de los hombres comunes de las aldeas por los hombres de  prestigio e importancia en éstas, etc). Con esto apuntamos al hecho de que la vigencia histórica de   pequeña producción mercantil (con vigencia de la ley del valor) es continua y  permanentemente reproducida por el mismo funcionamiento del modo de producción capitalista, cuestión que muchos teóricos han de hecho conceptualizado 8 . Ahora, en términos prácticos, si se quisiera actualizar a la pequeña producción (autónoma y con  posibilidad dominación y generalización) como modelo de “ sociedad futura ” , primero debería trascenderse la vigencia de la ley del valor (ergo, el capitalismo). Y esto sin tener en cuenta que esta “nueva sociedad” haría retroceder la rueda de la historia, al menos en términos de socialización de los procesos de trabajo, distribución, intercambio y consumo. En tercer lugar, una forma algo distinta de postular que “la virtud está en los chicos”, es a través del concepto de “campesinado”. En términos de un análisis racional que tiene como su base la historia efectiva , este término (“campesinado”), en realidad es una mera categoría descriptiva que no llega a ser un concepto. No es sólo que Lenin haya refutado incontrovertiblemente a los populistas rusos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX 9  (quienes postulaban una transición al socialismo que se saltara al capitalismo a partir del “campesinado” ruso), sino que la misma idea (desarrollada tan to por marxistas como por no marxistas) de un “modo de producción campesino” es errada. Esto fue así tanto para la Francia decimonónica, como para la Rusia de principios del siglo XX y también para la periferia capitalista del siglo XIX y siglo XX 10 . Tampoco existieron “revoluciones campesinas” (quizás sí, si no se pretende que el concepto “campesinado” sea una categoría teórica rigurosa y más que nada funja como término descriptivo-narrativo), como muy bien le critica Ian Roxborough a Eric Wolff  11 . Tampoco es cierto que el mismo Marx se haya decantado al final de su vida por la “revolución campesina”: la conocida carta a Vera Zasulich (en la que Marx juguetea con la idea que aquí discutimos), es seguida un año después del Prefacio a la edición Rusa del Manifiesto Comunista, escrito en el cual Marx establece claramente que el “campesinado” ruso sólo podría ser útil para un “ salto al socialismo ”  sin pasar por el capitalismo, con ayuda de la revolución proletaria en Occidente. Por lo demás, Engels, en la dé cada del noventa del siglo XIX, ya escribió que esa posibilidad del “salto campesino” al socialismo había pasado, dado el rápido desarrollo del capitalismo en el campo ruso en los últimos años 12 . La siguiente cita de Pierre Vilar, tomada de un artículo en el cual critica a los “chayanovianos” 13 , expresa de manera simple lo que en este punto enfatizamos: “De hecho existe un modo campesino de vida que incluye al caballero agricultor y al trabajador agrícola. Pero, como un instrumento de análisis social, no existe tal cosa como un modo campesino de producción (ni una economía campesina) en el cual las distinciones y luchas de clase características del capitalismo, del feudalismo, o de su combinación, desaparecerían en la transición” 14   la pequeña producción está lejos de asemejarse al “ modelo virtuoso ”  presentado por quienes realizan su apología. 8  Por ejemplo, Roger Bartra, Henry Bernstein y Francois Chevalier 9  El desarrollo del capitalismo en Rusia (Lenin, 1899) 10  Ver, Pierre Vilar, Hindess y Hirst, Ian Roxborough, etc. 11  Teorías sobre el subdesarrollo (Ian Roxborough, 1979) 12  100 años de Revolución permanente (varios autores, 2006) 13  Chayanov fue un economista y agrónomo ruso de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. La mayor parte de las teorías sobre el campesinado se basan en sus trabajos; éstos, sin embargo, no dejan de ser una reproducción ahistórica e ingenua del paradigma económico neoclásico. 14  Pierre Vilar. Review (Fernand Braudel Center), Vol. 21, No. 2 (1998), pp. 151-189    2)    Del lado de “los grandes”   La idea de que “la virtud está en los chicos”, incluso se ha fundado en el contexto del desarrollo del modo de producción capitalista. En esta operación de “defensa”, esencial ha sido la idea de entender que el capitalismo posee una “fase monopolista” cualitativamente distinta a su “fase competitiva”. En ésta predominaría el poder de los monopolios y la misma competencia capitalista sería problemática. Esta es una tesis que ha estado presente dentro del marxismo desde que Hilferding y Lenin escribieran; especial vigor ganó con los desarrollos del marxismo soviético (desde Stalin y también luego de la “desestalinización” de 1956) . Sin embargo, la misma es problemática al menos en dos sentidos. Primero, por el hecho de que la misma separación “capitalismo   competitivo/capitalismo monopolista” fue desarrollada  utilizando una noción de “competencia” propia de la economía política clásica, noción que es ajena a la superación dialéctica que de ésta suponen los desarrollos de Marx 15 . En efecto, para Marx la compe tencia no es mera “ausencia de coerción”, como lo era para un Smith y un Ricardo, quienes entendían a los monopolios bajo su forma mercantilista y medieval, esto es, sólo como una restricción (negativa) a la “libre competencia de los capitales”. Para Marx, la competencia es inherente a la misma existencia del capital, porque éste no  puede sino aparecer como “capitales particulares”. Es en este sentido que Paresh Chattopadhyay afirma: “  Desde este punto de vista debe enfatizarse de que no existe ningún capitalismo monopolista como distinto de un capitalismo competitivo. Todo capitalismo es competitivo en tanto el capital sólo puede aparecer como muchos capitales (en sus interacciones recíprocas). Eso que usualmente se denomina la fase monopolista del capitalismo sólo constituye una fase particular en la socialización del capital, alcanzada mediante la mayor concentración y centralización del capital sin importar la  formas de competencia de éste ” 16    En segundo lugar  , la misma idea de la existencia de un “capitalismo monopolista” se conflictúa con la tesis marxista básica de la vigencia de “ley del valor”. Anwar Shaik, Diego Guerrero y Carlos Maya Ambía (entre otros), cuestionan la idea de que pueda entenderse la vigencia de un capitalismo monopolista y a la vez rija la ley del valor  junto con su necesario correlato de “igualación de la tasa media de ganancia”. Maya Ambía 17 , en específico, al analizar las distintas tesis sobre el capitalismo monopolista (sea “de Estado” o no lo sea), muestra como las distintas esc uelas (francesa, alemana, italiana, japonesa, etc), son incapaces de fundar rigurosamente la proposición de la existencia de un “ capitalismo monopolista ”  manteniendo las premisas marxistas en el análisis. Las distintas opciones (existencia de dos tasas medias de ganancia, de una estratificación de tasas de ganancia, no existencia de una tasa media, determinación exclusivamente política de la tasa media de ganancia, etc), en realidad se muestran como una imposibilidad teórico-histórica. 15  La idea de que Marx no es una mera continuación de los clásicos, es fértilmente desarrollada por Fred Moseley, Louis Althusser, Paresh Chattopadhyay y otros. 16   “The Marian concept of capital and the soviet experience” (Paresh Chattopadhyay, 1992  –  traducción propia-) 17   Ver, “ Ilusiones y agonías de los nietos (teóricos) de Lenin: crítica de la teoría del capitalismo monopolista de estado” (Carlos Maya Ambía, 1994, siglo XXI)   Al señalar estos dos elementos  –la comprensión errada de la “competencia” bajo el capitalismo, y la imposibilidad de conjuntar “teoría laboral del valor” y existencia de  un capitalismo monopolista (“de Estado” o no) -, no queremos dar la idea de que capitalismo no deba ser conceptualizado en fases, o que el mismo es siempre igual y no sufre transformaciones. Antes bien, la misma idea de “reproducción ampliada” y del “desarrollo de contradicciones” (la primera, propia del Marx de El Capital, la segunda  propia de cualquier marxismo que se autoconcibe como reapropiación fértil de Hegel), nos habla de que el capitalismo (concebido desde una perspectiva marxista) es una estructura en desarrollo y sujeta a cambio (con un núcleo estructural fijo que relaciona contradictoriamente capital y Trabajo). El problema es que la forma precedente de concebir el desarrollo y las fases del capitalismo, basada en último análisis en la idea de que “la virtud está en los chicos”, es una errada en términos históricos y teóricos.   II.   Concepciones del poder Quienes postulan que “la virtud está en los chicos”, dan cuenta de una concepción teórico- epistemológica particular sobre “el poder”. No es sólo que a l entronizar la realidad PYME se trata de manera acrítica al mercado capitalista (que racionalmente solo puede ser comprendido como materialización de “coerción” dentro de un contexto de “guerra de capitales”), sino que es la misma idea de la “distribución   del poder” entre “muchos” (en tanto situación virtuosa) como opuesta a la acumulación de éste en las manos de “unos pocos” (en tanto situación vituperable), la que se encuentra imposibilitada de abordar racional y materialmente lo que fenoménicamente aparece como “poder”. En primer lugar, porque pareciera ser que se ha dejado de lado la intelección del poder como una relación material entre agentes sociales, para adoptar una perspectiva sustancialista en la cual el poder deviene mera “cosa” transferible. Segundo, la perspectiva de defensa de las pymes puede con razón ser clasificada dentro de la taxonomía propuesta por Goran Therborn en lo que respecta al problema del  poder. En efecto, el citado enfoque pro-pyme da cuenta de, a la vez, una perspectiva “subjetivista” y una perspectiva “marginalista”. La primera (propia de las teorías liberales y “pluralistas” sobre el poder), responde exclusivamente a la pregunta ¿quién tiene el poder?; mientras la segunda inquiere acerca de “la cantidad” de éste. El punto es  que ambas perspectivas (propias del enfoque pyme), no llegan a preguntarse acerca de la naturaleza del poder. En efecto, como señala Therborn, el marxismo deja de lado de lado de estas perspectivas, porque se pregunta eminentemente: “…¿cuál es el carácter   del poder y cómo se ejerce? Por consiguiente, el modo de investigación materialista histórico busca definir, antes que nada, la naturaleza el  poder, y no su sujeto o su cantidad. Esto es lo que se refleja en la escandalosa pregunta del marxismo-leninismo: democracia, ¿de qué clase? Dictadura, ¿de qué clase? 18   En razón de esto, un análisis materialista del problema pyme, antes que tratar de manera fetichista una cuestión de importancia sustancial, deberá resolver antes que nada la pregunta acerca de la naturaleza del poder, en tanto cristalización de relaciones sociales determinadas. 18   ¿Cómo domina la clase dominante? (Goran Therborn, 1979)  
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