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Ebooksclub.org El Renacimiento de La Naturaleza the Rebirth of Nature La Nueva Imagen de La Ciencia Y de Dios the Greening of Science and God Paidos Contextos

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EL RENACIMIENTO DE LA NATURALEZA El resurgimiento de la ciencia y de Dios RUPERT SHELDRAKE Agradecimientos Este libro es el resultado de una prolongada búsqueda personal. No puedo enumerar aquí todas las plantas, animales, lugares, personas, tradiciones e ideas que me ayudaron a lo largo del camino. Sólo puedo expresar mi gratitud general por todo lo que recibí en los países en los que he vivido -Inglaterra, Estados Unidos, Malasia y la India-, y en el curso de mis viajes por Europa, América d
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  EL RENACIMIENTO DE LA NATURALEZA El resurgimiento de la ciencia y de Dios RUPERT SHELDRAKE Agradecimientos Este libro es el resultado de una prolongada búsqueda personal.No puedo enumerar aquí todas las plantas, animales, lugares, personas, tradiciones eideas que me ayudaron a lo largo del camino. Sólo puedo expresar mi gratitud generalpor todo lo que recibí en los países en los que he vivido -Inglaterra, Estados Unidos,Malasia y la India-, y en el curso de mis viajes por Europa, América del Norte, Asia yÁfrica.Muchas conversaciones con amigos y colegas han contribuido en este libro. Algunastuvieron lugar en el marco de visitas informales, otras en conferencias y simposios yvarias en series de encuentros a los que yo asistí durante la última década. En particular,las reuniones periódicas en Cambridge de los Epiphany Philosophers, un grupo al quepertenezco desde 1966; me refiero también a los encuentros de la British Scientific andMedical Network, a los consejos anuales de la Ojai Foundation en California entre 1984y 1987 y a una serie de conferencias por invitación en el Esalen Institute de Califomia,en Hollyhock Farm (Cortes Island, Columbia Británica), en el Instituto de CienciasNoéticas de Sausalito, Califomia, y en el International Center for Integrative Studies deNueva York.En particular, desearía expresar mi agradecimiento a las siguientes personas por lasconversaciones que mantuve con ellas que ayudaron a dar forma al contenido de estaobra: Ralph Abraham, David Abram, William Anderson, Eric Ashby, LindsayBadenoch, Robert Bly, David Bohm, Fritjof Capra, Bernard Carr, Christopher Clarke,Paul Davies, Larry Dossey, Lindy Dufferin y Ava, Dorothy Emmet, Warwick Fox,Adele Getty, Edward Goldsmith, Brian Goodwin, David Griffin, Bede Griffiths, JoanHalifax, David Hart, Rainer Hertel, Mac-wan Ho, Francis Huxley, Rick Ingrasci,Colleen Kelley, David Lorimer, Terence McKenna, Ralph Metzner,john Michell,Namkhai Norbu, Robert Ott, el extinto Michael Ovenden, Nigel Pennick, AnthonyRamsay, Martin Rees, Jeremy Rifkin, Janis Roze, Kit Scott, Ronald Sheldrake, PaoloSilva e Souza, John Steele, Denis Stillings, John Sullivan, Harley Swiftdeer, BrianSwimme, Robin Sylvan, Peggy Taylo, George Trevelyan, Piers Vitebsky, Lyall Watson,Rex Weyler y sobre todo a mi esposa Jill Purce, a quien dedico el libro. 1  Estoy especialmente agradecido a quienes leyeron los diversos borradores, por sus útilescomentarios y críticas: Lindsay Badenoch, Christoper Clarke, Adele Getty, BedeGriffiths, Francis Huxley, Kit Scott; a mis asesores editoriales ingleses, Erica Smith yKelly Davis, y a mi asesor editorial norteamericano, Leslie Meredith, de BantamBooks.Mi trabajo en esta obra ha sido parcialmente respaldado por una beca del Instituto deCiencias Noéticas, del que soy miembro.Le agradezco a Keith Roberts ya sus ayudantes los dibujos de las figuras 5.1, 5.2, 5.3,5.4, 6.2 y 7.1; también doy las gracias por la autorización para reproducir ilustraciones alos Trustees of the British Museum (figura 1.1), la British Library (figuras 1.2 y 2.2),Clive Hicks (figura 2.1), Ralph Abraham (figura 4.2), la Oxford University Press (figura5.4) y j. Bloxham y D. Gubbins (figura 7.2). Introducción  La familia de mi abuela tenía una plantación de mimbreras en Nottinghamshire, queproducía materia prima para los cesteros del lugar. La más vívida imagen delrenacimiento de la naturaleza llegó a mí mientras estaba en la vieja finca de la familiaen Farndon, una aldea sobre el río Trent, próxima a mi pueblo natal, Newark. Yo teníacuatro o cinco años. Cerca de la casa vi una fila de mimbreras de las que colgabanalambres oxidados. Quise saber qué hacían allí esos arbustos en fila y se lo pregunté ami tío. Me explicó que alguna vez había habido una cerca de alambre y estacas demimbrera, pero las estacas habían vuelto a la vida, convirtiéndose en esas plantas.Me sentí lleno de reverencia.Después olvidé el incidente, hasta hace unos años, cuando reapareció en mi mente en unmomento de iluminación súbita.Primero, el recuerdo en sí, el momento de comprensión al ver las estacas convertidas enarbustos vivos. Después, la sorprendente revelación de que ese recuerdo resumía granparte de mi carrera científica. Durante más de veinte años, en Cambridge, en Malasiay en la India, había investigado el desarrollo de las plantas. Siempre me fascinó elinterjuego entre la muerte y la regeneración. En particular, descubrí que la hormonavegetal auxina, que estimula el crecimiento y el desarrollo, e induce el enraizamiento delos gajos, es producida por células que mueren. (1) Por ejemplo, la generan las célulasde madera que se suicidan al diferenciarse en tubos conductores de savia en las venasde las hojas, los sistemas y todos los órganos mientras se desarrollan. La muerte de esascélulas estimula el crecimiento, y con ello más muertes celulares y más producción deauxina. Esta investigación me llevó a desarrollar una teoría general del envejecimiento,la muerte y la regeneración de las células tanto en las plantas como en los animales: lascélulas son regeneradas por el crecimiento, mientras que la cesación del crecimientoconduce a la senescencia y la muerte. (2)En la India investigué la fisiología de los guisantes de palomas, arbusto con frutos envaina, cuyas ramas flexibles se utilizan en cestería, como el mimbre en Europa. Uno de 2  los aspectos más exitosos de mi trabajo fue el estudio del crecimiento regenerativo,sobre el que ahora se basa un nuevo sistema de recolección, que permite obtenercosechas múltiples de una misma planta. (3) Más recientemente, me he dedicado adesarrollar un modo de comprender la naturaleza viva en términos de memoriaintrínseca. Describo ese enfoque en mis libros A New Science of Life y The Presence of the Past. En una visión retrospectiva, todas esas actividades aparentemente disímiles sonvariaciones sobre el tema único del rebrote de las estacas de mimbrera. De modoanálogo, este libro es una respuesta a la idea de que la naturaleza, que hemos tratadocomo muerta y mecánica, está en realidad viva; está volviendo a vivir ante nuestrosojos. Estudié biología en la escuela y en Cambridge debido a mi fuerte interés por lasplantas y los animales, un interés alentado por mi padre herborista, farmacéutico ymicroscopista aficionado, y aceptado por mi madre, que me ayudó a recopilar misdiversas colecciones de animales y toleró las invasiones anuales de renacuajos ygusanos. Pero al avanzar en mis estudios me enseñaron que la experiencia directa eintuitiva de plantas y animales se consideraba emocional y no-científica. Según mismaestros, los organismos biológicos eran en realidad máquinas inanimadas, carentes detodo propósito intrínseco, productos del ciego azar y de la selección natural; toda lanaturaleza no era más que un sistema mecánico inanimado. No tuve ningún problema enasimilar esa educación científica ya través de las prácticas de laboratorio, queprogresaron desde la disección hasta la vivisección, adquirí el desapego emocionalnecesario. Pero siempre existió una tensión; mis estudios científicos parecíanrelacionarse muy débilmente con mi propia experiencia. El problema quedó resumidopara mí cierto día en un pasillo del Departamento de Bioquímica, cuando vi un gráficode las vías metabólicas en cuya parte superior alguien había escrito con grandes letrasazules: CONÓCETE A TI MISMO.Más tarde llegué a reconocer que el conflicto que experimentaba con tanta intensidadera un síntoma de una escisión que atraviesa a toda nuestra civilización, y que todosexperimentamos en mayor o menor grado. Ahora está amenazada incluso nuestrasupervivencia.Desde el tiempo de nuestros más remotos antepasados hasta el siglo XVII se dio porsentado que el mundo de la naturaleza estaba vivo. Pero en los tres últimos siglos unacantidad creciente de personas educadas empezaron a pensar en la naturaleza como algoinerte. Ésta ha sido la doctrina central de la ciencia ortodoxa: la teoría mecanicista de lanaturaleza.En el mundo oficial -el mundo del trabajo, de la empresa y la política- la naturaleza esconcebida como la fuente inanimada de recursos naturales, explotable para el desarrolloeconómico. Éste es el sentido de la naturaleza que se da por sentado, por ejemplo, enNature, un importante periódico científico internacional. El enfoque mecanicista nos haprocurado progreso tecnológico e industrial. Nos ha proporcionado mejores medios paraluchar contra las enfermedades; ha ayudado a transformar la agricultura tradicional enagroindustria, a mecanizar la labranza, y nos ha brindado las armas de un poder antesinimaginable. Las economías modernas están erigidas sobre ese cimiento mecanicista, ytodos vivimos bajo su influencia.En nuestro mundo no-oficial, privado, la naturaleza se identifica sobre todo con elcampo como oposición a la ciudad, y principalmente con los lugares salvajes noechados a perder. Muchas personas tienen vínculos emocionales con ciertos lugares, a 3  menudo asociados con su infancia, sienten empatía con animales o plantas, obtieneninspiración de la belleza de la naturaleza o experimentan una sensación mística deunidad con el mundo natural. A menudo, los niños son educados en una atmósferaanimista de cuentos de hadas, animales que hablan y transformaciones mágicas. Elmundo viviente es alabado en poemas, canciones y cánticos, y reflejado en obras dearte. Millones de personas de la ciudad sueñan con mudarse al campo, en algunos casosdespués de la jubilación, o con tener una segunda residencia en un paisaje rural.Nuestra relación privada con la naturaleza presupone que está viva, y por lo general, almenos implícitamente, que es femenina.El enfoque del científico, tecnócrata, economista o desarrollista mecanicista, por lomenos durante las horas de trabajo, se basa en el supuesto de que la naturaleza esinanimada y neutra. Nada natural tiene vida, propósito o valor propios. Los recursosnaturales están allí para que se los desarrolle y su único valor es el que les atribuyen lasfuerzas del mercado o los planificadores oficiales.Esta dicotomía también puede considerarse en términos de racionalismo y romanticismoestablecidos como opuestos polares a fines del siglo XVIII. Entonces, lo mismo queahora, los racionalistas contaban en apariencia con el respaldo de los éxitos científicos ytecnológicos, ya los románticos les respaldaba la intensidad innegable de la experienciapersonal. Para los románticos, el racionalismo es no-romántico; para los racionalistas, elromanticismo resulta irracional. Todos somos herederos de estas dos tradiciones, y de latensión existente entre ellas.Durante varias generaciones los occidentales nos hemos acostumbrado a vivir con esadivisión interna. Una escisión comparable se ha establecido ahora en Europa oriental,Japón, China, la India y en alguna medida también en los países menos desarrollados .Los misioneros del progreso mecanicista han difundido su doctrina en todas lasnaciones del mundo, haciéndola prevalecer sobre las actitudes animistas mástradicionales.En la primera parte de este libro exploro las raíces de la división entre nuestra sensaciónde que la naturaleza está viva y la teoría de la naturaleza como algo muerto. No se tratasólo de una cuestión de interés histórico. Todos sufrimos la influencia de los hábitosmentales mecanicistas que dan forma a nuestras vidas, por lo general de modoinconsciente. Para someter a examen esos supuestos necesitamos considerar susorígenes culturales y rastrear su desarrollo. Debemos recordar que lo que ahora sonlugares comunes alguna vez tuvieron el carácter de teorías disputables, arraigadas entipos peculiares de teología y filosofía, y que sólo creían en ellos una pequeña cantidadde intelectuales europeos. En virtud de los éxitos de la tecnología, la teoría mecanicistade la naturaleza ha triunfado ahora en una escala global. Se ha convertido en laortodoxia oficial del progreso económico. Es una especie de religión y nos haconducido a la crisis actual.En la segunda parte, muestro de qué modo la ciencia misma ha comenzado a trascenderla cosmovisión mecanicista. La idea de que todo está determinado de antemano y es enprincipio predecible ha dado paso a las ideas del indeterminismo, la espontaneidad y elcaos. Los invisibles poderes organizadores de la naturaleza animada están emergiendo 4

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Aug 3, 2017
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