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La zona sur del vino chileno

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Muchas veces hace frío, llueve bastante y el clima extremo campea en zonas como La Unión, Río Bueno, Lago Ranco o allá muy al sur, en el remoto Chile Chico del Aysén profundo. Pero a lo largo de los años, con extrema paciencia y gracias a
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  40 41 LA CAV  I febrero 2014 I PORTADAPORTADA I febrero 2014  I LA CAV Muchas veces hace frío, llueve bastante y el clima extremo campea en zonas como La Unión, Río Bueno, Lago Ranco o allá muy al sur, en el remoto Chile Chico del Aysén profundo. Pero a lo largo de los años, con extrema paciencia y gracias a resultados promisorios en términos de calidad, algunos aventureros vitícolas con afán innovativo, han conseguido vinos de expresiones territoriales sorprendentes, que abren la puerta a un futuro de diversidad, con aromas frutales y sabor a sur. POR CARLOS REYES M . Y ANA MARÍA BARAHONA A .FOTOGRAFÍAS MATT WILSON, CIRYL PÉREZ, CARLOS REYES. MAÑANA NOS VAMOS    AL SUR REGIÓN AUSTRAL DEL VINO Campos de Coteaux de Trumao, Región de Los Lagos, frente al Río Bueno.  C Y R I   L P É  R E Z   42 43 LA CAV  I febrero 2014 I PORTADAPORTADA I febrero 2014  I LA CAV TRUMAO, REGIÓN DE LOS LAGOS (JUSTO AL LÍMITE CON LA REGIÓN DE LOS RÍOS). Las parras están a pie de cerro y lucen pequeñitas, repartidas por lo alto de una loma mirando al norte, a diferencia de un paño de vides insta-lado en un llano cercano al Río Bueno mucho más vigoroso y desarrollado. Si no es porque Olivier Porte, uno de los dueños del predio,  junto al enólogo Quentin Javoy aseguran que ya tienen cuatro años de plantadas, cualquiera pensaría que nacieron hace muy poco. Les han dicho que, dada la naturaleza pobre del suelo y pese a la pluviosidad de la zona, deberían regarse al menos por un tiempo, hasta que se afirmen definitivamente. Pero no. En Coteaux de  Trumao hay una mezcla de paciencia y tozudez a la francesa: su terreno de secano debe dar sí o sí los frutos que la naturaleza entregue. Ni más ni menos. De esta forma nació Cruchon, un pinot noir pensado inicialmente para el consumo familiar de los hermanos Olivier y Christian Porte, empresarios madereros de la zona; pero que de a poco comenzaron a mostrar sus botellas más allá del encantador y amplio quincho del clan, sorprendiendo con la personalidad de un vino que en el último tiempo suele animar ferias como Chanchos Deslenguados. Esa iniciativa y otras sucesivas ferias realizadas en Santiago y regiones, les abrió las puertas al ambiente viñatero especializado. Se trata, digamos, de uno de los emprendi- mientos vitivinícolas vigentes más antiguo, en una zona históricamente volcada a criar vacas para leche, sembrar trigo, maíz, forraje a orilla de los cursos de agua, arándanos (eso, hace poco) y explotar la madera extraída desde un mar de bosques de pinos y eucaliptos. Un sitio así, de manera esporádica, ha tenido espacio para las vides, básicamente porque no se trata de una zona amable para su desarrollo. Todo lo contrario, pensando en que la pluviosidad promedio supera los 1.000 milímetros al año, lo que conspira contra una buena ventilación de la fruta en la etapa de maduración, por ejemplo. Pero se trata de un clima que, según la evidencia científica, está en proceso de cambio derivando en mayores temperaturas promedio y menos humedad. Y lo que puede ser malo para unos, es mejor para otros, así que el área está desarrollando un potencial que sus habitantes no están dispuestos a desperdiciar. Más si, poco a poco y paso tras paso, se están ganando una reputación de calidad, a juzgar por el interés que están consiguiendo esa y otras aventuras viñateras.   42 LA CAV  I febrero 2014 I PORTADA Quentin Javoy en plena faena en Coteaux de Trumao.  C Y R I   L P É  R E Z   44 45 LA CAV  I febrero 2014 I PORTADAPORTADA I febrero 2014  I LA CAV SABOR A SUR. Los hermanos Porte y agricul-tores como Luis Momberg plantaron en 2000 sus noveles vides. Los primeros por añoranza del campo galo, pero también porque vieron cómo el parrón contiguo a su casa (hoy, del cuidador) daba fruta dulce y bien madura. El segundo lo hizo con un afán complementario a su producción ganadera, pero dejó de creer en el proyecto hace unos años, dejando algunas plantas en un pequeño jardín de variedades. Ese chardonnay y viognier, entre otras, fueron vinificadas –pese a estar pasadas en su punto de madurez- por Quentin Javoy dando como resultado una mezcla que sorprendió a los asistentes del último Chanchos Deslenguados. El negocio del vino, si es que se le puede lla-mar así en esas latitudes, es un acto de infinita paciencia que en Coteaux de Trumao da sus frutos. “(Trumao) es un lugar maravilloso. Puedo hacer experimentos para saber cómo se hace el vino, aparte del tratamiento en el campo buscando la mejor madurez”cuenta el enólogo mirando la inmensa mayoría de pinot noir del campo: “puede madurar bien acá. No se pudo en los primeros tiempos (año 2000) con el merlot y cabernet sauvignon, aunque ahora estoy cambiando de opinión al respecto. Creo que también todos los blancos conocidos en Francia pueden funcionar en esta zona. Sólo hay que trabajarlos bien”, agrega. La cosecha es en abril, en los primeros días. Al menos dos semanas más tarde respecto al promedio histórico de Casablanca, por ejem-plo. Eso se repite en Trumao y también en San Pablo, pegado a la Ruta 5 Sur a poco más de 800 kilómetros de Santiago, donde Christian Sotomayor y Alejandro Herbach plantaron en el sector El Pellín dos hectáreas de viñedos hace 14 años, justo en medio de un campo dedicado a la crianza de vacas lecheras. Pese al calor del verano y una incipiente sequedad, se nota que el resto del año la humedad campea. Los musgos y líquenes adosados a los palos que afirman las hileras o incluso adheridos a los troncos de las parras, son un indicio de un clima, al menos, diferente. Y esas diferencias redundan en productos promisorios, como una mezcla de chardonnay y pinot blanc de 2009 sin mayores pretensiones de alcurnia viñatera (era un vino prensa), de una acidez sorprendente, baja graduación alcohólica y una frescura que invita a ir por otra copa de inmediato. Pero para lograr esos pequeños frutos, la batalla ha sido larga. “La temporada de acumulación de calor es muy corta y variable casa año. Lo otro es el manejo   44 LA CAV  I febrero 2014 I PORTADA  46 47 LA CAV  I febrero 2014 I PORTADAPORTADA I febrero 2014  I LA CAV del vigor porque la planta puede crecer y no necesariamente dar frutos, y lo más importante: saber dónde plantar”, explica Rodrigo Moreno, ingeniero agrónomo fru- ticultor, quien se ha dedicado a estudiar en específico –con la ayuda de la Universidad Austral de Valdivia- las posibilidades del vino. Conoce prácticamente todos los emprendi- mientos viñateros de una zona con suelos aluviales de srcen volcánico. Respecto al campo El Pellín de San Pablo, recuerda: “el vivero mandó cabernet sauvignon mezclado y eso fue un problema. Hubo años en que se dejó el campo sin trabajar por falta de mano de obra especializada. Hemos expe-rimentado de manera constante en lo que a formas de poda y vinificación se refiere”. Al parecer ha resultado como desean, porque ya está lista una versión de espumante y ya está limpio un trozo de campo, en medio de lo que fue un bosque de eucaliptos, que se plantará con esquejes propios, nada de clones importados: “es un material conoci-do, asentado al terruño, del que queremos conservar su expresión sin necesidad de traer otras plantas”, dice Moreno. “San Pablo, Trumao, Quilacahuin, Colhue y La Unión tienen un microclima que en comparación a las regiones de Los Ríos y Los Lagos tiene mayor acumulación de grados día, algo descrito por el profesor Patricio Montaldo de la Universidad Austral en los años 80 (1979 y 1981) para destacar a la zona por su aptitudes para cultivos frutales”, agrega el agrónomo. Él mismo trabaja en la producción de arándanos, aprovechando ese estudio y, como todos los personajes involucrados en el vino de esta zona lími-te, no se dedican exclusivamente a la vid. Empresarios ganaderos, forestales y de otros cultivos, les gusta el vino pero tienen los pies bien puestos sobre la tierra. A lo mejor, entre todos, el que más riesgo ha puesto en esta novel zona es Luis Alberto Möller, cuyo campo a unos 30 kilómetros al poniente de La Unión, encierra el más ambicioso de los proyectos sureños instalados hasta el momento. Cercano al Parque Nacional Alerce Costero consta de seis hectáreas de sauvignon blanc y pinot noir, plantados hace poco más de un año y repartidos en lomajes con orientación norte, rodeado de bosques de pino y eucaplito pero también flanqueado de corredores biológicos con flora y fauna nativa, bajo un ambiente que invita a la contemplación y un proyecto que aspira a convertirse en una plantación orgánica: “se trata de un desafío familiar, para darle valor a esta tierra y una apuesta que no sabemos hasta dónde llegará. Pero confiamos ciento por ciento en que ten- dremos uva de excelente calidad”, comenta mientras pasea por las hermosas terrazas de viñedos, con un potencial innegable desde el punto de vista turístico. Ya están trabajando en una terraza-cocina-mirador, como corroborando un futuro de viajes boutique y, esperan, mejor vino. LAGO RANCO, EL SUEÑO HECHO REALI-DAD. Hace más de una década que la casa de verano de la familia Silva está anclada a este increíble lugar. No pasó mucho tiempo antes que Mario Silva, el motor de la familia y la afamada viña colchagüina decidiera ver cómo andaría una de sus hijas más entrañables: la viña. En el vino suelen aparecer imágenes increí-bles, algunas impresionantes en su belleza, otras en su audacia, y estas del lago Ranco mezclan ambos calificativos. A 900 kilómetros de Santiago, o 500 de Colchagua donde está el alma mater de Casa Silva, decidieron plantar hace poco más de cinco años 6 hectáreas de vides para ver qué pasaba en plena Región Austral o Denominación de Origen Futrono, o la entrada a la Patagonia chilena como le gusta nombrarla a Mario Pablo Silva, gerente general de la viña. El resultado es asombroso. Campo El Pellín.Luis Alberto Möller.  48 49 LA CAV  I febrero 2014 I PORTADAPORTADA I febrero 2014  I LA CAV En noviembre viajamos por primera vez a conocer el fundo que la familia Silva posee en Futrono, a orillas del lago Ranco. La belleza es abrumadora. El campo es amplio y gene- roso, ahí y en los alrededores del paralelo 40°21’latitud sur se deja ver una vegetación intensa y luminosa de robles, canelos y arra-yanes, aparte de las valientes seis hectáreas de viñedos. Hay suficiente terreno para una cancha de polo y espacio para los caballos -otra de las pasiones de la familia- y varios animales que se sienten a sus anchas en un paraje de gran esplendor. “Cuando partimos este proyecto fue teniendo muy en claro que debíamos esperar a ver qué nos daba la uva y de ahí ver qué podíamos hacer. No teníamos ninguna certeza… La naturaleza más que nunca manda acá. Habrá años en que tendremos vino y otros no. Asumimos ese riesgo y somos respetuosos de lo que nos dice el lugar”, confiesa el director técnico de Casa Silva, Mario Geisse.Y vaya que es cierto. Con 1.800 milímetros de pluviometría anual, las condiciones, en el papel, no son la ideales para la producción de la vid. Una situación que ha ido variando con el tiempo, ya que entre el calentamiento global y otros proyectos exitosos en altitud sur, como Nueva Zelanda, permiten que las fronteras del vino se hayan vuelto más laxas de lo que las conocíamos. En el caso del fundo Llasquenco, donde está plantado este viñedo, lo que se encuentra en el suelo es una primera capa de trumao, o depósito lacustre, y luego una gravilla redondeada. “Creemos que podemos llegar a obtener 7 mil kilos por hectárea, aunque por ahora solo hemos llegado a los 2,5 mil kilos”, explica Geisse. Las complicaciones no han sido pocas ni menores. En el inicio y al igual que en la zona de La Unión-Río Bueno, no había trabajadores que supieran trabajar la viña, o la enorme distancia que los separa de la bodega en Colchagua también fue un inconveniente.  Todo ello manejable y superado. Pero hay otras condiciones con las que se juega año a año. “Adecuarse a un clima con condiciones muy diferentes a las que estamos acostum- brados es un desafío, no una limitante, ya que nos da la posibilidad de obtener uvas distintas. Los suelos de esta región son suelos trumaos, sueltos y esponjoso, que permiten un buen enraizamiento. En varios sectores se encuentran piedras de srcen volcánico, lo que otorga características especiales y diferenciadas. Los viñedos se encuentran en una ladera con exposición Noroeste de 33°-35° y con una pendiente que varía de 22% a 40%, por lo que la lluvia, factor que podría ser limitante, deja de serlo, sumado a los vien- tos de la zona, las parras secan muy rápido. Además, como hay una menor insolación, aquí se aprovecha muy bien. Y por otro lado, esta misma pendiente y la cercanía al lago, nos protegen de las heladas. A su vez, las parras se demoran más en tomar madurez y producir las uvas necesarias para el vino. En la zona central, una plantación del 2014, el 2016 ya produce su primera producción, y el 2018 o a veces el 2017 ya está a su plena producción, en el sur este proceso se retarda un par de años”, reflexiona Mario Pablo Silva.Y aunque hace un par de años se pensó que el campo daría como primer vino, un espu- mante (el cual verá la luz este 2014 siendo una mezcla de chardonnay y pinot noir), lo cierto es que ya se encuentran disponibles un sauvignon blanc y pinot noir de la joven-císima cosecha 2013 en el caso del primero, y 2011 el segundo. Mientras el sauvignon ya es un vino distintivo y que seguramente tendrá sus seguidores, el pinot noir todavía está en una etapa más experimental, sin alcanzar tanta complejidad, pero con un indiscutible y delicioso sentido frutal. Apenas una hectárea y media hay de cada una de estas cepas, las que son complementadas con dos de chardonnay y 1 de riesling. Pero hay más: 4 a 5 hectáreas de pinot noir y ries-ling que serán plantadas en ladera. ¿Sueño hecho realidad o la aventura cque navega por las venas? Un poco de ambos. Silva le da un tono altruista: “nos interesa mantener el espíritu pionero que ha identificado a Lago Ranco. MA T T WI   L  S  ON 
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