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A Vuestros Cuerpos Dispersos

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A Vuestros Cuerpos Dispersos Philip J. Farmer Titulo Original: TO YOUR SCATTERED BODIES GO Traducción: Domingo Santos Portada: Garcés/Bosch ©1971 by Philip José Farmer ©1982 Ultramar Editores, S.A. 1a Edición bolsillo: Noviembre, 1982 2a Edición bolsillo: Diciembre, 1984 3a Edición bolsillo: Septiembre, 1985 ISBN: 84-7386-313-5. Depósito legal: NA-1420-1985. SOBRE EL AUTOR PHILIP JOSÉ FARMER A Vuestros Cuerpos Dispersos (Comentario de la contraportada) « A Vuestros Cuerpos Dispersos , El F
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     A VuestrosCuerpos Dispersos Philip J. Farmer      Titulo Original: TO YOUR SCATTERED BODIES GO  Traducción: Domingo Santos  Portada: Garcés/Bosch  ©1971 by Philip José Farmer©1982 Ultramar Editores, S.A.1a Edición bolsillo: Noviembre, 19822a Edición bolsillo: Diciembre, 19843a Edición bolsillo: Septiembre, 1985ISBN: 84-7386-313-5.Depósito legal: NA-1420-1985.SOBRE EL AUTOR PHILIP JOSÉ FARMER  A Vuestros Cuerpos Dispersos(Comentario de la contraportada)« A Vuestros Cuerpos Dispersos , El Fabuloso Barco Fluvial , El Oscuro Designio y El Laberinto Mágico constituyen los cuatro volúmenes de una de las series mas famosas de la literatura mundial de cienciaficción: El Mundo del Río.El mundo imaginado por Philip José Farmer es un mundo cruzado por un unico y caudaloso río que lo  atraviesa de parte a parte y cuya fuente es desconocida, y al que van a parar todos los seres muertossobre la Tierra y, resucitados por una desconocida y extraña entidad con propósitos ignorados, en eseextraño planeta.La vida puede ser muy apacible allí: la subsistencia está asegurada y la resurreccion, tras cualquier tipo demuerte, tambien esta asegurada. Pero el hombre es un ser social, y las relaciones de esa sociedad artificialno son sencillas precisamente. La vida, aun en un mundo así, puede ser terriblemente difícil...Philip Jose Farmer escandalizó a la puritana sociedad norteamericana en 1952 con su novela Los Amantes , donde relataba, mas allá de todo convencionalismo, los amores de un terrestre con una mujeralienígena, por encima de todos los tabúes sociales y religiosos. Más adelante seguiría escandalizando alpúblico con novelas como Extrañas Relaciones , Dare , con casi pornográficas como Carne y LaImagen De La Bestia , y con novelas satíricas escritas al estilo Burroughs en las que entrentaba a su granpersonaje Tarzán con otros personajes literarios de la más diversa índole. Nada de su obra sin embargo haalcanzado la resonancia universal de su serie del Mundo del Río, ...»  CAPITULO I  Su esposa lo había aferrado entre sus brazos como si así pudiera mantenerloapartado de la muerte.El había gritado:— ¡Dios mío, me muero!La puerta de la habitación se había abierto, y había visto un gigantesco dromedarionegro fuera, y había oído el tintineo de las campanillas de su arnés cuando el cálidoviento del desierto las agitó. Luego, una gran faz blanca rematada por un granturbante negro había aparecido en el vano de la puerta. El eunuco había atravesadola puerta, moviéndose como una nube, con una gigantesca cimitarra en su mano.La Muerte, el Destructor de los Placeres, el Igualador de la Sociedad, había llegadoal fin.Oscuridad. Nada. Ni siquiera supo que su corazón se había detenido para siempre.Nada.Luego, sus ojos se abrieron. Su corazón estaba latiendo fuertemente. ¡Se sentíafuerte, muy fuerte! Todo el dolor de la gota de su pie, la agonía del hígado, latortura de su corazón, todo había desaparecido.Había un silencio tal que podía oir la sangre moviéndose en su cabeza. Estaba soloen un mundo sin sonidos.Una brillante luz de idéntica intensidad lo llenaba todo. Podía ver, y sin embargo nocomprendía lo que estaba viendo. ¿Qué eran esas cosas por encima, por el lado ypor debajo de él? ¿Dónde estaba?Trató de sentarse, y notó, atontado, una sensación de pánico. No había nada enqué sentarse, porque estaba suspendido en la nada. El intento lo lanzó dando unavoltereta, muy lentamente, como si se hallara en un baño de melaza no muyviscosa. A treinta centímetros de las yemas de sus dedos se hallaba una barra debrillante metal rojo. La barra llegaba de arriba, del infinito, y descendía hacia elinfinito. Trató de aferrarla porque era el objeto sólido más cercano, pero algoinvisible resistía a su esfuerzo. Era como si las líneas de alguna fuerza estuvieranempujándole, repeliéndole.Lentamente, giró sobre sí mismo en una cabriola. Luego, la resistencia lo detuvocon las yemas de sus dedos a unos quince centímetros de la barra. Extendió sucuerpo y se movió hacia adelante una fracción de centímetro. Al mismo tiempo, sucuerpo comenzó a girar sobre sí mismo alrededor de su eje longitudinal. Inhaló aireruidosamente. Aunque sabía que no había donde aferrarse, no podía dejar de agitarlos brazos con pánico, tratando de agarrarse a algo.¿Estaba ahora cara «arriba» o cara «abajo»? Fuera cual fuese la dirección, estabaen la opuesta a la que miraba cuando se había despertado. Y no es que esoimportase. «Por encima» de él y «por debajo» de él, la vista era la misma. Estabasuspendido en el espacio, y le impedía que cayese una crisálida invisible eintangible. A un metro ochenta «por debajo» de él se hallaba el cuerpo de unamujer con la tez muy pálida. Estaba desnuda, y desprovista totalmente de pelo.Parecía estar durmiendo. Sus ojos estaban cerrados, y sus senos se alzaban ydescendían suavemente. Tenía las piernas juntas y muy rectas, y los brazospegados al costado. Giraba lentamente como un pollo en un asador.La misma fuerza que la hacía girar le estaba haciendo girar a él. Giró lentamente,apartándose de ella, y vio otros cuerpos desnudos y sin pelo, hombres, mujeres yniños, frente a él en silenciosas hileras girantes. Por encima de él se hallaba elcuerpo desnudo, sin cabello, y girante, de un negro.Bajó la cabeza de forma que pudo ver su propio cuerpo. También él estaba desnudoy sin pelo. Su piel era suave, los músculos de su vientre eran firmes, y sus caderasrevestidas de unos músculos fuertes y jóvenes. Las venas que antes sobresalierancomo azules perforaciones de topo habían desaparecido. Ya no tenía el cuerpo deun debilitado y enfermo hombre de sesenta y nueve años que había estadomuriendo tan solo un momento antes. Y el centenar o así de cicatrices se habían
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