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Algunas precisiones en torno al juicio abreviado y el privilegio contra la autoincriminación

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Algunas precisiones en torno al juicio abreviado y el privilegio contra la autoincriminación “Durante el intérvalo, el juez en persona o mediantes otros hombres honrados, invitará a la acusada a confesar la verdad,… con la promesa de salvarle la vida si fuere necesario”. Malleus Maleficarum[1] 1.Palabras iniciales: “Cuando Juana de Arco cedió ante la promesa de indulgencia que la corte le ofreciera, ella demostró que hasta los santos son a veces incapaces de resistir a las presiones en la negoci
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  Algunas precisiones en torno al juicio abreviado y el privilegiocontra la autoincriminación “Durante el intérvalo, el juez en persona o mediantes otros hombres honrados, invitará   a la acusada a confesar la verdad,… con la  promesa de salvarle la vida si fuere necesario”.  Malleus Maleficarum[1]  1.- Palabras iniciales:    “Cuando Juana de Arco cedió ante la promesa de indulgencia que la corte le ofreciera, ella demostró que hasta los santos son a vecesincapaces de resistir a las presiones en la negociación delreconocimiento de la culpabilidad. Juana, no obstante, fue capaz de retractarse de su confesión y de ir a su martirio”  [2]. Ya, para ese entonces, el tema que será objeto de estas líneas, era unade las características a destacar en el procedimiento penal. En estesentido, se puede señalar la mención que se encuentra en uno de los manuales para los inquisidores, en cuanto que “los doctores observan que las declaraciones obtenidas mediante la promesa de gracia sontotalmente inválidas y tienen que ratificarse. Efectivamente, muchosacusados, por temor a la dureza de la cárcel y de los castigos, estaríandispuestos a hacer una confesión de condescendencia, lo que seríagrave. Además hay que tener en cuenta que el acusado que confesarade este modo, pensaría en realidad en acortar el interrogatorio y ocultar más de lo que declarase”  [3]. Con la incorporación en nuestro sistema procesal penal federal del  “juicio abreviado”  [4],el imputado vuelve a estar en el lugar que ocupóJuana de Arco: está inmerso en una disyuntiva que lo enfrenta a undilema desgarrador: se queda sentado a la espera de que pueda o noconfirmarse la presunción de su inocencia, con los riesgos que elloimplica, en el medio de un sistema coercitivo por naturaleza, o aceptauna de esas reglas coercitivas y decide resolver el conflicto de la maneramás rápida y más económica que encuentra posible.Esta última cuestión será el objeto de este trabajo. Más específicamente, señalar algunas precisiones sobre el “juicio abreviado”  respecto de una de las principales objeciones que se le formulan: la nopreservación de la libertad de todo imputado frente a toda coerción queimplique, no importando de qué manera, su autoincriminación[5].  2.- Un marco de referencia:   El procedimiento establecido en el artículo 431 bis de nuestra legislaciónprocesal penal federal consiste, en síntesis, en la posibilidad delimputado en admitir la existencia del hecho que se le imputa, suparticipación en aquél, y prestar conformidad, en consecuencia, sobre lacalificación legal y la pena solicitada por el representante del MinisterioPúblico, para, de esta manera, no llevar adelante la audiencia de debatepúblico y así, si el tribunal de juicio no rechaza el acuerdo, que se dictesentencia conforme lo pactado.Este procedimiento especial no es novedoso. Más allá de que nuestroordenamiento procesal penal nacional ya contara con un mecanismo denaturaleza similar[6],o que algunas legislaciones procesales penales provinciales hubieran receptado procedimientos especiales con el fin deabreviar esta instancia del proceso penal[7],varios son los antecedentes extranjeros que se pueden mencionar[8].Entre ellos, el más conocido es el instituto del  plea bargaining que se lleva adelante en los EstadosUnidos[9].Otros países como Alemania, España, Italia o Portugal tampoco son ajenos a estas prácticas[10].  2.1.- ¿Confesión o conformidad?:Una de las primeras cuestiones a considerar es si estamos, o no, anteuna verdadera confesión. Es que, de no encontrarnos ante unadeclaración autoincriminatoria, sino ante un simple avenimiento de lavoluntad de una persona que no importa su confesión, entonces, segúnquienes sostienen esta distinción, no estaría involucrado el resguardo encuestión[11].  Tal como lo señala MARTÍNEZ, en una confesión “nos encontramos ante una situación activa por parte del imputado, que relata personalmentelos hechos por los que se autoincrimina; mientras que en laconformidad, el imputado hace una declaración de voluntad,reconociendo su participación en un hecho, relatado por otro: el agentefiscal, en una pieza procesal determinada (elevación a juicio)”  [12]. En este sentido, por conformidad debiera entenderse un acto unilateraldel autor, por el cual se pone fin al proceso penal. Así, el Tribunal Supremo de España expresó que la conformidad es un “acto unilateral de disposición respecto de la pretensión penal ejercitada por laacusación, mediante el cual se produce un verdadero allanamiento a la pena solicitada… que determina la finali zación del procedimiento através de una sentencia que ha de dictarse conforme a los términos fijados en la acusación”  [13]. De esta manera, es que se sostiene que, el acuerdo al que alude elartículo 431 bis , debe ser entendido como el otorgamiento de unaconformidad y no como una confesión[14].   Por el contrario, en palabras de BOVINO, nos encontramos ante una verdadera confesión. Según él, “a pesar de que la norma hacereferencia a la „conformidad‟ del imputado, su manifestación, presentada por escrito, es valorada como una confesión, a pesar de que no revisteninguna de las exigencias requeridas para ésta por el código nacional.Así lo reconoce expresamente el autor del proyecto de ley que incorporó el „juicio abreviado‟ al CPP Nación. En efecto, CAFFERATA NORES afirmaque „la confesión que pudiera haber prestado el acusado, en el marco del acuerdo… deberá ser verosímil y concordante con aquellas probanzas [recogidas en la investigación], lo que ratificaría (reforzándolo) su valor conviccional‟. La sentencia se debe fundar, exclusivamente, en las pruebas de la instrucción y en la confesión escrita del imputado”  [15]. Más allá de una u otras razones, lo cierto es que la ley señala que laadmisión de responsabilidad puede ser parte de la valoración a la horade fundar una sentencia condenatoria. De allí que se torna trascendenteevaluar la circunstancia de si esta conformidad o confesión brindada por el imputado, necesaria en todo “juicio abreviado”, es prestada libremente o si es producto de algún medio que lo haya conducido averse obligado a declarar en su contra.2.2.- Posiciones críticas:Respecto de la problemática planteada, varias fueron las posicionescríticas formuladas.Por un lado, se entendió que todo acuerdo o pacto que realizara algúnrepresentante del Estado con un individuo, en el que se conviniera laimposición de un castigo, en tanto necesitaba de un allanamiento sobreeste punto por parte del imputado, importaba entender a esteavenimiento como el resultado de prácticas persuasorias derivadas delsecreto de las relaciones desiguales propias de la inquisición[16].  Asimismo, se señaló que no es legítimo premiar una confesión con unaatenuación de la pena, pues esto deriva, indirectamente, de unagravamiento para quien hace uso de su derecho a negarse a declarar,o, en nuestro caso, de someterse al riesgo de todo juicio[17].De esta manera, la ventaja pasa a tener, como contrapartida, una amenaza queconstituye una forma de coaccionar la confesión[18].  De allí que, en definitiva, todos los trabajos críticos, en cuanto a estepunto se refiere, llegan a la conclusión de que nos encontramos ante larevalorización de la confesión como  probatio probatissima y de unavuelta, por consiguiente, a los peores mecanismos de un sistema deenjuiciamiento inquisitivo[19].  Ahora bien, la mayor parte de estas argumentaciones encuentransustento en las posiciones que se derivan de los estudios llevados  adelante por dos reconocidos profesores provenientes de distintastradiciones jurídicas: John H. LANGBEIN y Luigi FERRAJOLI. De allí quela propuesta sea, de aquí en más, analizar la cuestión planteadatomando como marco de referencia las enseñanzas tanto del profesor deDerecho e Historia Legal de la Universidad de Yale, como de uno de losprincipales sostenedores del garantismo penal. 3.- “Juicio abreviado”: inquisición  3.1.- La posición de LANGBEIN:En un trabajo que se publicara srcinariamente a fines de 1970[20],  LANGBEIN contrasta al moderno sistema americano del  plea bargaining   con el sistema de la “ley de la tortura” de la Europa medieval. La tesis a la que pretende arribar es que existen notables paralelos en el srcen, función y hasta inclusive en específicos puntos doctrinarios entre la “leyde la tortura” y la ley del  plea bargaining [21] . Sugiere que, esascoincidencias señalan cómo los sistemas de justicia criminal responden,cuando entran en crisis, con profundos desórdenes. Dice LANGBEIN que la “ley de la tortura” se fue desarrollando con un propósito: generar confesiones que permitieran condenar sin que setuviera en cuenta la regla probatoria del doble testimonio[22].Esto, luego de que con el tiempo los jueces humanos reemplazaran a Dios enel asiento del juzgador (dejándose de lado las prácticas de las ordalías),estando gobernados por una ley de la prueba tan objetiva que hicieraesa dramática sustitución inobjetable – una ley de prueba que eliminaríala discreción humana en la determinación de la culpabilidad o lainocencia-: el doble testimonio, el cual sólo podía ser sustituído si elacusado confesaba voluntariamente su ofensa. En la búsqueda de estavoluntariedad, la coerción propia de la tortura pasó a ser el camino máscómodo en esta declaración de culpabilidad. De allí que, en el continenteeuropeo, este tipo de confesión, producto de la coerción, fuera dejadade lado (en el proceso de reforma del enjuiciamiento inquisitivo) comoprueba de la culpabilidad.Por otra parte, advierte LANGBEIN que el  plea bargaining ocurre cuandoel acusador induce al acusado a confesar su culpabilidad y a renunciar asu derecho a un juicio a cambio de una mayor indulgencia en la sancióncriminal que la que sería impuesta si el acusado fuere encontradoculpable en aquél juicio[23] .A cambio de procurar esa “suavidad”  contra el acusado, el fiscal es relevado de la necesidad de probar laculpabilidad y, a la corte, se le ahorra tener que realizar ningunaadjudicación, en tanto se la autoriza a condenar en base a esa confesiónsin ninguna otra comprobación.La necesidad de simplificar el procedimiento regular explica este proceso
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