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Historiografía reciente sobre el anarquismo y el sindicalismo en España, 1870-1923 - Pere Gabriel

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44 Los artículos del Dossier fueron presentados como ponencias en el III Encuentro de Historiadores de los Movimientos Sociales HISTORIOGRAFÍA RECIENTE SOBRE EL ANARQUISMO Y EL SINDICALISMO EN ESPAÑA, 1870-19231 Pere Gabriel E n estos últim os años hem os podido constatar las limitaciones de la historiografía específicamente dirigida al estudio del anarquism o decim onónico en España. Ello a pesar de alguna brillante aportación a mediados de la década de los setenta. Al igual que en otros ca
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  44  Los artículos del Dossier fueron presentados como ponencias en el   III Encuentro de Historiadores de los Movimientos Sociales HISTORIOGRAFÍA RECIENTE SOBRE   EL ANARQUISMO Y EL SINDICALISMO   EN ESPAÑA, 1870-19231 Pere Gabriel E n estos últimos años hemos podido constatar las limitaciones de la historiografíaespecíficamente dirigida al estudio del anarquismo decimonónico en España. Ello apesar de alguna brillante aportación a mediados de la década de los setenta.Al igual que en otros campos de investigación relacionados con la temáticaobrera, bajo el franquismo el impulso inicial, a menudo íntimo, para emprender elanálisis histórico del anarquismo surgió de la obsesión colectiva por la guerra civil. Deahí el que, desde posiciones distintas y antagónicas, el tema apareciese casi siemprecomo uno de los antecedentes a conocer para comprender lo sucedido durante laguerra. Y el que, además, el anarquismo militante fuese visto o bien como una de lascausas de la derrota republicana -de la España progresista-, o bien como una de lasmás firmes esperanzas de una revolución proletaria al fin frustrada. El famoso gritode “guerra y revolución”, presente en tantos y tantos títulos de la abundantebibliografía sobre la guerra civil, incluía lógicamente el de “guerra y anarquismo”. Sinescapar a este marco, pueden situarse las desiguales y conocidas obras de MaximianoGarcía Venero o de Eduardo Comín Colomer, notorios partidarios del régimenvencedor. También claro está, los textos clásicos de los anarquistas Diego Abad deSantillán o César M. Lorenzo. Sin olvidar el brillante y sugerente ensayo de GeraldBrenan sobre  El laberinto español, cuya primera edición es de 1943.2Posteriormente,la incorporación de gente más joven al tema significó, en este punto, sólo algunavariante de matiz. Como antecedente de 1936-1939, el anarquismo del siglo xix 1Las páginas que siguen no son sino unas notas sobre las que pretendí estructurar una ponencia en el   III Encuentro de Historiadores de los Movimientos Sociales, celebrado en Valencia los días 11-12 de   diciembre de 1987. Pido por ello disculpas. He de advertir, además, que no debe esperarse aquí encontrar   referencias al sindicalismo de la UGT o de influencia clara del PSOE y bien pocas al sindicalismo inspirado   por el catolicismo. Un tema y otro fueron abordados por otras ponencias, en especial las presentadas por   Santiago Castillo y por Feliciano Montero.2Quizás no haría falta consignar aquí la referencia detallada de las obras mencionadas:  Historia de las    Internacionales en España (M. 1956-1957, 3 vols.) e  Historia de los movimientos sindicalistas españoles   (1840-1933) (M. 1961) de García Venero;  Historia del anarquismo español  (B. 1956, 2 vols.) de CominColomer; Contribución a la historia del movimiento obrero español  (México, 1962, 1965, 1971, 3 vols.) de   Santillán;  Les anarchistes espagnols et le pouvoir (1868-1969), del hijo de Horacio Martínez Prieto (París, 1969). La influencia, muy persistente, de la obra de Brenan partió en gran medida de la traducción   castellana editada por Ruedo Ibérico en París en 1962. A notar el paradigmático subtítulo del libro:   antecedentes sociales y políticos de la guerra civil. 45  aparecía bastante lejano y por tanto no fue fácil llegar a estudios de cierta profundidadsobre el mismo, estudios que no fueran simples y someras introducciones. Las mejoresy más abundantes aportaciones se centraban en el siglo xx, en especial para los añosveinte y treinta.3Ya antes de la guerra civil, los estudiosos sociales habían puesto de manifiesto sudesconcierto ante el fenómeno anarquista. Especialmente, ante las razones quepudieran explicar su aparición, arraigo y desarrollo en España. Por suerte, no es ésteel lugar para hacer un repaso exhaustivo de las múltiples “causas” del anarquismohispánico. Basta recordar que hubo de todo: desde explicaciones conspirativas hastalas más cientifistas, con razones raciales y antropométricas. Ahora bien, en generalfue y ha sido moneda corriente relacionar anarquismo y atraso económico, anarquismo y sociedades decimonónicas aun no suficientemente desarrolladas. No se trata deuna consideración exclusivamente marxista. En España, fue también la principalrazón aducida por el reformismo social de principios de siglo. El propio JoséCanalejas no dudaba en afirmar, taxativamente, que “las naciones más adelantadastienden al socialismo y las más atrasadas al anarquismo revolucionario”.4De todas formas, es claro que han sido los marxistas quienes con mayor atencióny complejidad han usado el argumento. En especial, interesa destacar, dada lainfluencia intensa que durante bastante tiempo ejerció, una variante importante delmismo al incluir el anarquismo explícitamente dentro del milenarismo, un milenaris-mo expresión de unas condiciones económicas y sociales determinadas, pero también,y ante todo, “una forma arcaica de movimiento social”, según la definición d’Eric J.Hobsbawm (1959).5No haría falta añadir que hoy por hoy esta cuestión, fundamental queramos o no,no está resuelta. Ahora bien, sí se han producido matices interpretativos importantes.En especial, una gran parte de los estudios más recientes, desde Kaplan hastala cercana tesis doctoral de Maurice, ha procurado destacar la “racionalidad”histórica y social de la actuación del anarquismo español del xix, notablemente delanarquismo andaluz, paradigma del milenarismo. A pesar que el propio Hobsbawmya había señalado en forma paradójica el tema, lo cierto es que el esfuerzo por indagary caracterizar la actuación “nacional” de aquel anarquismo militante tiende, cuandomenos, a minimizar la virtualidad del análisis milenarista.6Junto a los avances en esta dirección, hay que reseñar las aún tímidas pero 3Baste recordar algunas de las clásicas y primerizas obras de Manuel Tuñón de Lara o de Albert   Balcells. También, en la línea del hispanismo obsesionado por la guerra civil, las obras de los sesenta de   Carlos M. Rama, Pierre Broué, Émile Témime, Stanley G. Payne, etc.4 Cf. el importante  Discurso Preliminar de José Canalejas y Méndez a  El instituto del Trabajo. Datos    para la historia de la reforma social en España , de Adolfo Buylla, Adolfo Posada y Luis Morote(M. 1902). La cita corresponde al subtítulo del capítulo III (El anarquismo destructor  y el anarquismo   humanitario), p. XXVII. Existe una cuidada reedición de la obra efectuada por el Ministerio de Trabajo y   Seguridad Social (M. 1986) y prologada por Santiago Castillo. 5Cf.  Primitive Rebels (primera traducción castellana de Ariel, B. 1968). Studies in Archaic Forms of    Social Movement in the 19 th and 20 th Centuries. 6 Demasiado a menudo las descripciones sobre el anarquismo en España obvian la cuestión. Existen   de todas formas otras obras que se plantean el tema, además de las de Hobsbawm, Kaplan o   Maurice. Por ejemplo,  El    “por qué” del anarquismo andaluz. Aportaciones del caso de Granada, ponencia   del recordado Antonio M. Calero en el III Coloquio de Pau (M. 1974);  Anarquismo y movilización    campesina en el País Gallego (1875-1912), de J. A. Durán (M. 1977);  El anarquismo en Gijón.    Industrialización y movimiento obrero 1850-1910, de A. Barrio (Gijón, 1982); Crisis económica,    anarquismo y sucesos de Jerez (1886-1892), de G. Brey (Córdoba, 1984). Sin olvidar el análisis de la obra   de Kaplan hecho por Álvarez Junco: Sobre el anarquismo y el movimiento obrero andaluz (M. 1979). En   general, el debate ha tendido a destacar como bases sociales del anarquismo en España al artesanado y el 46  sugerentes incursiones en lo que podríamos llamar iconografía e imaginería obreras.Me refiero, en especial, a los esfuerzos de Álvarez Junco por incorporar temas nuevosen su trabajo de caracterización ideológica de los sectores populares, más en concretorespecto de la persistencia de la influencia de elementos religiosos y mitológicos en lasexperiencias obreras.7Existe, por último, un aún más tímido intento reciente de progresar en laexplicación del anarquismo decimonónico a través de la consideración de las dificultades y limitaciones experimentadas en el proceso de configuración del estado burguésen España, de las dificultades y limitaciones de la articulación e integración de lasociedad burguesa española.8En cualquier caso, la producción historiográfica de los últimos diez años permitemás la caracterización ideológica del anarquismo que no una gran discusión sobre susignificado histórico. Y en este punto hay que recordar que en general esta caracterización ideológica del anarquismo del siglo xix no responde de manera estricta a laspreocupaciones metodológicas más usuales del quehacer del historiador. Pudo apoyarse en el análisis hecho por Álvarez Junco (1976), un trabajo con claras pretensiones de codificación teórica del pensamiento anarquista.9 Y, ciertamente, se haavanzado desde entonces en el establecimiento de una evolución histórica y de larelación entre ideología y realidad política y social colindante. Sin embargo, una parteimportante de los estudios sobre el tema provienen de historiadores de la literatura yla cultura, notablemente Mainer, Litvak o, en el caso catalán, Castellanos.10Además, campesinado, también, en ocasiones, se ha insistido en la estrecha y larga relación establecida entre obreros   y pequeña burguesía, olvidando quizás que pocas diferencias en este sentido pueden establecerse respecto de   las bases sociales del obrerismo de influencia o dirección socialistas. El debate, en cualquier caso, debería   inscribirse en la problemática más amplia respecto de las revoluciones burguesas en Europa y, en este   sentido, es de lamentar la prácticamente nula dedicación de la historiografía española del movimiento   obrero al análisis comparativo. En este terreno, sólo Malefakis, Teoría y práctica del movimiento obrero   en España (Valencia, 1977) y Civolani,  L'anarchismo dopo la Comune. I casi italiano e spagnolo (Milán,   1981) respecto de Italia parecen haber abierto el camino.7Cf. en especial  El anticlericalismo en el movimiento obrero   (M. 1985) y  La subcultura anarquista en    España. Racionalismo y populismo   (M. 1986). La cuestión había sido ya planteada anteriormente por   X. Paniagua,  Religión y anticlericalismo en el anarquismo español (Notas para su estudio) (Valencia,   1979), con un enfoque más clásico. Preocupación por los elementos iconográficos, especialmente en E.   Olivé,  La pedagogía obrerista de la imagen, B. 1978, y J. Termes,  II movimento operaio spagnolo e   l’illustrazione satírica nella stampa anarchica (1889-1893), Turín, 1982. Sugerencias múltiples respecto del   tema de la “cultura obrera”, en el correspondiente  Dossier, coordinado por E. Olivé, para  L'Avenç, 104, B.   mayo 1987, con artículos de J. Termes, J. Molas, M. Izard, E. Olivé, J. Piqué, T. Abello y V. Ripoll. 8Debe partirse, en este caso, de las explicaciones intentadas para el análisis del federalismo en España.   De forma más o menos explícita, por ejemplo, ya el mismo Termes en sus obras clásicas de 1972 sobre la   Primera Internacional en España y sobre el federalismo catalán de 1868-1875, había apuntado razones en   esta dirección. Por mi parte, puede consultarse  Algunes notes sobre la implantació sindical de socialistes i    anarquistes a Catalunya, abans dels anys de la primera guerra mundial  (Bellaterra, 1985), y con mayor   amplitud, Classe obrera i sindicats a Catalunya, 1903-1920, tesis doctoral, Universidad de Barcelona, 1981,3 vols.9  La ideología política del anarquismo español (1868-1910), M. 1976.10Por su parte, el equipo de investigación de la Universidad de París VIII, con Paul Albert, Gérard   Brey, Jean-Louis Guerena, Jacques Maurice, Serge Salaün, Carlos Serrano, etc., ha dedicado no pocas   páginas al análisis de la poesía, del teatro o de la “infra-literatura” de los anarquistas españoles. Sin olvidar   las aproximaciones de Roland Forgues o, la más específica, de F. Sifré sobre Ramon Porté. De   todas formas no se ha profundizado suficientemente aún en el sustrato ideológico y cultural común de   anarquistas, republicanos y muchos jóvenes intelectuales de entonces, sustrato común en sectores populares   y de intelectualidad no oficial deudor en gran medida del cientifismo positivista decimonónico. En esta   dirección, pueden citarse, con posterioridad a las obras pioneras de Gil Cremades, Pérez de la Dehesao Núñez Ruiz y la ya mencionada de Álvarez Junco (1976), algunos de los trabajos inspirados 47
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